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miércoles, 1 de febrero de 2017

Retorno al pasado


A la hora de afrontar una obra literaria que tiene su correspondiente adaptación cinematográfica es muy frecuente el olvidar por completo el libro y recurrir solamente a la película. Sin embargo, en algunas ocasiones resulta muy enriquecedor el comparar ambas obras.

Al tratarse de lenguajes diferentes el resultado suele variar en varios aspectos. En el caso que hoy nos ocupa nos encontramos con un clásico universal (vamos, reconocido por todos los especialistas en Cine Negro) del género policíaco. Pero no ocurre lo mismo cuando nos referimos a su original literario. Y es que Retorno al pasado (Out of the past), ese clásico inmortal dirigido por el genio de Jacques Tourneur en 1947, tiene su origen en una novela policíaca barata (las novelas Ace de 35 centavos cada una), Eleven mi horca (Build my gallows high), escrita por Geoffrey Homes.

En este caso, la adaptación al cine la realizó el mismo escritor, quien firmó el guion (no falta la tilde, es la nueva normativa ortográfica) cinematográfico. Por ello, el resultado (en lo que a trama y personajes se refiere) es semejante. Pero un material que es muy del montón (se deja leer, aunque no atrapa -al menos, en la humilde opinión de este escriba) en lo literario, se trastorna en una obra muy destaca del cine. Toda una lección de cómo se debe rodar una obra maestra del cine negro o policíaco.

Esta producción, humilde, de la mítica RKO (una productora menor, aunque con una importancia incontestable en la Historia del Cine -con mayúsculas) cuenta con un equipo excepcional, que era parte del habitual: Roy Webb al mando de la música; Nicholas Musuraca a cargo de una sublime fotografía; Albert D'Agostino ejercía de director artístico; etc. mientras que, el director de la película, Jacques Tourneur ponía orden a un reparto que tira de espaldas: Robert Mitchum (en uno de sus primeros papeles), Jane Greer (en el papel de su vida, sin duda) y, nada menos, que Kirk Douglas (que hace unos días cumplió los 100 años, uno de los últimos grandes del Hollywood dorado que aún siguen con vida) como los protagonistas principales. Ahora que vivimos una etapa aciaga, en lo que a pérdidas de grandes ídolos de la infancia se refiere, sería una buena celebrar todos aquellos que aún están con nosotros.



Retorno al pasado, la película, es una obra arquetípica del cine negro, con todos sus ingredientes habituales:

De izquierda a derecha: Jane Greer, Robert Mitchum, Jacques Tourneur y Nicolas Musuraca

  • el héroe (Mitchum) que no encuentra su lugar en el mundo.
  • la femme fatale (Greer) de una belleza exuberante que utiliza como arma para controlar a los hombres, meras marionetas de sus turbias intenciones
  • la muchacha inocente (Virginia Huston), amor imposible del héroe, que es el contrapunto de la femme fatale de turno
  • el villano pérfido y con un punto sádico (Douglas)
  • la dicotomía ciudad - mundo rural, es decir, el pecado y la oscuridad frente a la inocencia y la luminosidad de unos paisajes inmaculados (fotografiados excepcionalmente por Musuraca), solamente contaminados cuando llegan los elementos de la vida anterior del héroe
  • una trama argumental muy compleja y confusa (en ocasiones) para el espectador
  • el empleo del flashback como elemento narrativo
  • la imposibilidad de enmendar los errores del pasado y poder seguir adelante con una nueva vida


A pesar de todo lo que señalamos, de su inscripción en el género cinematográfico, esta obra, supera los límites del mismo para ofrecer una muestra perfectamente refinada de una poética visual extraordinaria.

A pesar de los 70 años que tiene esta producción, sin duda, es una obra recomendable, que mantiene toda su vigencia. La novela no es tan reivindicable, aunque tiene buenos momentos. Si hubiera que elegir entre libro o peli, está clarísimo: película.

En 1984 se hizo un remake de Retorno al pasado llamado Contra todo riesgo (que no he podido ver aún), aunque dudo que aporta mucho (solamente la presencia de Jane Greer en éste). Y, más tarde, el interesante David Cronenberg contó en Una historia de violencia una película con muchas semejanzas argumentales con el film de Tourneur. Se trata de una cinta interesante.

Una de las escenas más recordadas de la película que destaca por su luminosa fotografía de ese idílico paisaje rural

Si no están de acuerdo, siempre pueden hacer la prueba por sí mismos. No perderán su tiempo.


La RKO fue la productora que cambió las reglas del cine en la época de los estudios cuando dio la oportunidad a un tal Orson Welles para realizar su primera película, Ciudadano Kane, considerada una de las mejores de la Historia del Cine.



lunes, 2 de enero de 2017

Adiós Princesa: Carrie Fisher

Definitivamente 2016 ha sido el annus horribilis para la cultura pop. Muy triste esa interminable lista que va de Bud Spencer a David Bowie.

Pero, desde luego, nadie se esperaba la muerte fulminante de Carrie Fisher con solo 60 años. Solamente 60 años.

Escribo estas palabras para dedicar un recuerdo a su memoria. Un pequeño brindis para una actriz (y escritora -faceta que conocí hace pocos años y que ahora voy a entrar en ella) y guionista (también supervisora de guiones -script doctor es el término anglosajón) que ha dejado una huella imborrable en la cultura popular.

Fue un juguete roto de un matrimonio made in Hollywood (sus padres eran ambos estrellas del cine y de la música) y su accidentada vida lo reflejó.

Todos la recordaremos como la princesa Leia de la saga galáctica más famosa de todo el universo. Esa princesa (con ecos iconográficos de las esculturas íberas -como la dama de Elche) valiente, guerrera, luchadora... Un personaje femenino alejado de los estereotipos habituales del cine. Solamente hay que ver su aparición en La guerra de las galaxias (Star Wars, episodio IV -una nueva esperanza) ataviada con una larga túnica blanca inmaculada. Esa prenda que ocultaba su físico y, por lo tanto, no la convertía en la típica mujer florero que está ahí para enseñar carnaza, siendo ésta, su único atributo de valor. Desde luego, todo un ejemplo para muchas chicas. Ella misma ironizaba sobre esto diciendo que había sido una pionera en el girl power.


El personaje de Leia se le dio todo a Carrie Fisher. Y también se lo quitó. Fue una maldición y una bendición al mismo tiempo. Algo que la encasilló de por vida, que la ató a su representación. Y eso que hizo más cosas (aquí me gustaría destacar su papel de novia vengativa en la imprescindible The Blues Brothers; o su pequeña aparición en el episodio de la "enfermedad social" de la simpática película de episodios Amazonas en la Luna -ambas dirigidas por John Landis; bueno la última, con colaboración de otros amiguetes suyos como Joe Dante).

No es este el espacio para entrar en su vida privada. Aquel que quiera hacerlo tiene a su disposición múltiples sitios para ello. Personalmente, voy a leer los testimonios que ella misma dejó en sus dos libros: Postcards from the edge (ésta fue llevada al cine con un guión escrito por ella misma) y Wishful drinking (del que realizó un monólogo para la HBO). Relatos de un pasado autodestructivo que ella nunca ocultó. Además de éstos, escribió libros como Delusions of Grandma o Surrender the Pink entre otros.

Sería imposible no mencionar (que provocó una polémica no tan lejana en el tiempo en Disney, productora propietaria de los derechos de la saga Star Wars) su atuendo en el episodio VI de la saga galáctica creada por George Lucas, El retorno del Jedi. Sí, ese bikini dorado metálico que Jabba el Hutt le obligaba a llevar a la princesa, que se había convertido en su esclava sexual. Es indudable que despertó la imaginación de muchos (y muchas) al ver lo que se ocultaba tras la túnica blanca habitual.


Siempre estarás en nuestros corazones Princesa, aunque sea en una galaxia muy lejana.

martes, 27 de diciembre de 2016

Mary Shelley: 200 años de Frankenstein

Retrato de Mary Shelley, la madre de la ciencia-ficción

Ilustración correspondiente a la tercera edición de Frankenstein, la primera que las incluyó
Fue en el verano de 1816 cuando, en Suiza, durante una noche tormentosa en la Villa Diodati (entonces residencia del poeta romántico Lord Byron) se concibió la historia de Frankenstein. Sin lugar a dudas, se trata del origen del género de la ciencia-ficción.
Esta portada muestra una de las escenas más famosas (y polémicas) del Frankenstein de James Whale que se convirtió en la imagen canónica de la criatura

Aquella noche (recreada en la película de Gonzalo Suárez, Remando al viento), por deseo de su anfitrión Lord Byron, Mary Shelley, su marido Percy Shelley y, su amigo, el médico John Pollidori, concibieron cuentos de terror en una suerte de concurso cuyo premio se llevaría aquel que provocara mayores temores o pesadillas.
Elegante portada de otra edición del clásico inmortal de Mary Shelley. El gran Forry era un ávido coleccionista de las numerosísimas ediciones (a lo largo y ancho del globo) de Frankenstein, reuniendo más de 250

Es, durante ese verano, terriblemente lluvioso de 1816, cuando se concibió el embrión de Frankenstein, cuyo nacimiento tendría lugar dos años más tarde, en 1818 bajo el título de Frankenstein o el moderno Prometeo.
La criatura con la novia creada para ella en la soberbia La novia de Frankenstein (James Whale, 1935), una secuela que es superior (probablemente sea la mejor película sobre este mito fantaterrorífico jamás rodada) al original, también de J. Whale

En su novela, Mary Wollstonecraft Shelley (1797 - 1851), se cuenta la historia de un joven y ambicioso doctor (Victor Frankenstein) cuya aspiración es la creación de la vida misma a partir de la muerte. Este personaje, es, sin ningún género de dudas, el arquetipo del mad doctor, ese científico loco, que desafía las convenciones morales y éticas de su época para lograr la superación de la ciencia. Todo un clásico del género de la ciencia-ficción, indispensable en muchas obras.
Con Peter Cushing como el doctor Frankenstein todas las miradas se posaban en su soberbia y elegante actuación. Por vez primera, la criatura pasaba a un segundo plano en esas clásicas películas de la Hammer

Sin embargo, el nombre de Frankenstein viene asociado, más que a su creador, al de su criatura, ese monstruo al que han dado vida, en la gran pantalla, numerosos actores. Pero que, iconográficamente, alcanzó su culmen el año de 1931, en la mítica película de la Universal. Esa actuación, soberbia, de Boris Karloff, con ese maquillaje impresionante creado por Jack Pierce para la película de James Whale, será la representación de una criatura que se va a transformar en un mito, dentro y fuera del cine. Todo un icono de la cultura popular del siglo XX, completamente identificable para cualquier persona, aún sin haber visto ninguna de las películas clásicas de la productora Universal.

Carteles originales del Frankenstein de la Universal

Reconozco, como fan que soy del género fantástico en toda su extensión, que, después de haber visto unas cuantas variantes cinematográficas de Frankenstein, cuando leí la novela, años más tarde, siendo ya adulto, me costó centrarme en ella. Me resultaba complicada de leer y, desde luego, no era lo que yo me esperaba. Pero, en cualquier caso, superadas esas dificultadas iniciales, es imposible no dejarse llevar por el viaje que plantea la autora, toda una odisea llena de dilemas morales que se contraponen al avance científico. Es curioso, que, Mary Shelley se dejara llevar por algunas de las corrientes más innovadoras de su época y las plasmara en su relato: por ejemplo, la reanimación a través de la electricidad (con las teorías y estudios de Luigi Galvani y de Erasmus Darwin).

Arriba una lobby card. Abajo una de las escenas más recordadas de la película de 1931

Lo que más me chocó, y aquí estoy completamente de acuerdo, con la "queja" del gran Forrest J. Ackerman en su libro Ciencia Ficción (al gran Forry le debemos la creación de sci-fi, la unión abreviada de science fiction) acerca de la descripción que Mary Shelley hace de la criatura. Resulta muy escasa, alejada de la imagen que nosotros tenemos en mente, grabada a fuego. A este respecto, mencionar la renovación iconográfica pretendida por Kenneth Branagh a principios de los '90 en su versión cinematográfica de Frankenstein, perpetrada por Robert de Niro. Más cercana a lo que planteó la autora, pero, tan alejada de nuestra imagen tipo, que rayaba en el esperpento.

Boris Karloff (el actor que encarnó al monstruo) con Jack Pierce (el maquillador que ideó el aspecto que todos conocemos). Ambos forjaron la iconografía de un mito dentro y fuera de las pantallas

Boris Karloff, cuenta la leyenda, que fue recomendado por el mismísimo Bela Lugosi (tras rechazar el papel de criatura). Su carrera no volvió a ser la misma. Se convirtió en uno de los rostros más reconocibles para todos los aficionados al cine fantástico

El impacto y el poder de la imagen arquetípica de Frankenstein (el de Karloff y Pierce) ha ejercido una enorme influencia en todo tipo de adaptaciones: series de TV, cómic, dibujos animados, programas infantiles, productos diversos... Y así seguirá por mucho que pasen los años.
De Niro como la criatura. Sobran las palabras

También Frankenstein fue usado en los cómics de Marvel, en series propias o en las de los superhéroes regulares de la compañía

Expansión del universo forjado por Mary Shelley en la obra de Aldiss que nos traslada al año 2020

Pastiche psicotrópico rodado por Jesús Franco. Todo un mash-up de monstruos que tiene su encanto

Desde aquí, animo a cualquiera a adentrarse en ese universo fascinante que es Frankenstein, novela (y otras adaptaciones posteriores que ampliaban -o revisitaban- el mito de Frankenstein, caso de The ultimate Frankenstein, recopilación de relatos de grandísimos autores o ese Frankenstein desencadenado de Brian Aldiss, que traslada la acción -y la actualiza- al mundo futuro) y películas, fundamentalmente las clásicas de la Universal (sobre todo las dos de Whale), las de la productora inglesa Hammer (a todo technicolor) con un inolvidable Peter Cushing en el papel de un maquiavélico doctor; o ese experimento que raya la psicotronía pop que lleva por título Drácula contra Frankenstein dirigido por Jesús Franco.
Lobby card de La maldición de Frankenstein, la renovación del mito planteada por la productora británica Hammer dirigida por ese genio llamado Terence Fisher, todo un maestro del cine fantástico. Peter Cushing como el doctor y, nada más y nada menos, que Christopher Lee como la criatura. Hay que verla.

200 años después de su primera concepción la historia de Frankenstein y los límites de la ciencia siguen estando de plena actualidad.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Jugando al Rol

Es posible que muchos jóvenes de ahora no sepan qué es el rol o los juegos de rol. Me refiero a los juegos de rol en los que te tenías que poner en el papel (el rol) de alguien ficticio. Normalmente estos juegos solían estar basados en mundos (ahora llamados universos) alternativos, realistas o, en la mayoría de ocasiones, ficticios. Y, a ser posible, inspirados en determinada obra literaria o cinematográfica de gran relieve. Pensemos, por ejemplo, en la saga de "El señor de los anillos" de Tolkien o en el universo generado por Star wars para poner algunos ejemplos bastantes claros al respecto.

Mi primer contacto con este mundo me vino en los años finales de la EGB, donde, junto con unos amigos de clase, pudimos jugar a Stormbringer, juego ambientado en uno de los universos creados por el escritor Michael Moorcock. Uno de mis amigos de entonces compró el manual básico de juego. Solamente se necesitaban a algunos compañeros más para poder jugar, además, claro está, de los prescriptivos dados de juego. Esas partidas, largas jornadas de varias horas, en las que nos poníamos en la piel de varios aventureros que queríamos encontrar tesoros y matar algunas criaturas fantásticas malignas (tipo orcos), las recuerdo ahora con mucho cariño. Eran unos ratos buenísimos los que pasábamos, tratando de salir de las emboscadas o trampas que preparaba el master (o director de la partida; en este caso, era quien había comprado el juego).


Lo malo que tenía esto de los juegos de rol era que se necesitaban varias personas para poder participar. Y, por lo general, esas personas, no solían ser los chavales (en masculino; no es por machismo, es que entonces, a principios de los años '90, no conocíamos a ninguna chica que jugara) más populares de la clase. Esto era una dificultad social en una etapa tan complicada como es la adolescencia. Complicada en el aspecto de las relaciones sociales, sobre todo cuando estamos hablando de chicas.

Así, cuando pasamos al Instituto, a hacer BUP, nuestro grupo se disgregó y, tuvimos que buscar gente nueva para poder seguir jugando al rol. Es así, como caí en grupos de lo que hoy se denominarían frikis, gente rara, pero que gustaban de estos juegos. No sé si recuerdo bien el nombre, pero había un juego, ambientado en un mundo futuro, que creo se llamaba Paranoia. El caso es que eché unas cuantas partidas, pero no tenía mucho en común con estos colegas.


Fue así, como me propuse convencer a algunos de mi grupo de amigos para que accediéramos a jugar al rol. Uno de mis colegas se compró un juego denominado Ragnarok, ambientado en el mundo presente que caía en un apocalipsis (siguiendo la mitología nórdica).


Tras ese, pasamos al Vampiro. Pero, de todos los juegos a los que jugamos, el que me dejó una huella más profunda fue "La llamada de Cthulhu", ambientado en el universo imaginado por el gran Howard Phillips Lovecraft. Quizá sería porque me tocó a mi el ser director de juego. Es decir, yo planificaba las partidas, diseñaba los escenarios y escondía las trampas, hacía que aparecieran las criaturas terribles del genio de Providence... Es más, hasta diseñé una banda sonora para ambientar estas partidas con mis amigos. La mayoría de esas canciones eran instrumentales y, por supuesto, no podía faltar, claro está, The call of Ktulu de Metallica (de su segundo disco, el excelente Ride the lightning), aunque también añadí unas pinceladas de Kyuss, Monster Magnet, NIN, Soundgarden... Grupos que me marcaron (y a muchísima gente en los años '90).


"La llamada de Cthulhu" era lo que deseábamos todos los amantes de Lovecraft. Esas criaturas primigenias indescriptibles, de tentáculos imposibles, de formas cambiantes que escapaban a la geometría euclidiana y demás epítetos surgidos de la imaginación del genio de Providence, nos llenaban la cabeza y pasábamos horas tratando de imaginarlas. Sin embargo, nunca llegábamos a hacernos del todo con su apariencia física. En el manual del juego de rol, se resolvía este aspecto, ya que aparecían, junto con las descripciones de las diversas criaturas tomadas de sus relatos originales, unas ilustraciones que podríamos denominar orientativas.



Además de todo esto, el juego se movía por una época muy interesante como eran los años '20 (la época de la ley seca y de los gángsters). En las partidas habría que destacar que, más que la fuerza bruta (que, de hecho, era inútil contra estas criaturas), había que demostrar habilidad e inteligencia para tratar de resolver los misterios sin perder la cordura (un aspecto que se desarrolló de manera excelente en el juego de culto para la Nintendo Gamecube Eternal Darkness). Ese aspecto más atmosférico y menos de acción era el aspecto diferenciador de este juego, algo heredado de los relatos en los que se inspiraba la excelente adaptación que consiguió Sandy Petersen. Este manual ha sido actualizado en numerosas ocasiones y sigue vendiéndose en la actualidad para que las nuevas generaciones puedan hacerse una idea de los mundos creados por Lovecraft.

Una última cosa que me gustaría mencionar fue el llamado "crimen del rol". Un horrible crimen perpetrado por dos madrileños que asesinaron a un pobre hombre inocente. El caso, ocurrido en 1994, levantó una enorme polvareda mediática, generando una oleada incisiva en contra de los juegos de rol, algo que, por otra parte, apenas estaba relacionado con el crimen (la excusa de los asesinos era que actuaban según los criterios de un juego de rol elaborado por uno de ellos). La ignorancia, o peor el desconocimiento, desembocó en la criminalización de estos juegos completamente inocentes. Aún recuerdo las palabras de mis padres advirtiéndome en contra de ellos (¡si ya se quejaban de mis amistades!). Parecía que todo lo que me gustaba, música Heavy Metal (la música del demonio, no lo olvidemos; esto quedó claro en la magnífica cinta de Demons, Lamberto Bava, repleta de grandes canciones en su banda sonora), literatura fantástica, cine de Terror y Ciencia Ficción, los juegos de Rol... Todo ello era condenado por su, en su opinión, nefasta influencia sobre las ingenuas juventudes. Si ellos (padres, profesores, sociedad) lo rechazaban, tenía que ser bueno por fuerza.


En definitiva, un recuerdo nostálgico para esos juegos de rol que tanto me gustaban (y gustan, aunque hoy no pueda jugar a ellos por falta de gente). Aún conservo los dados y el manual de "La llamada de Cthulhu".

Recordad:   Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn, que dice así en castellano: 
"En su morada de R'lyeh, el muerto Cthulhu espera soñando".