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jueves, 15 de febrero de 2018

Soledad Miranda


Nacida como Soledad Rendón, conocida por su nombre artístico de Soledad Miranda y, finalmente, transformada en Susan Korda por Jesús Franco en sus últimas películas.


Hoy hablamos de una artista sevillana (cantante y actriz) muy recordada más allá de nuestras fronteras, Soledad Miranda. Afortunadamente, gracias al documental que lleva por título "Soledad Miranda, una flor en el desierto", el recuerdo de Soledad se hace más cercano entre nuestros paisanos. Lo que sí fue curioso, es que la prensa del corazón de la época, se hiciera eco de la muerte de la sevillana en agosto de 1970 con tan solo 27 años de edad.






El hecho de programar en la televisión estatal una película como "Las vampiras (Vampyros Lesbos)", auténtico clásico de culto desde hace décadas, volvió a poner de relieve su figura, recordando su malograda vida.


Con solo 27 años se truncó una vida que apuntaba alto. 37 películas en su haber y un contrato internacional que no llegó a firmar por ese terrible accidente de coche. Una pena, pues el carisma y el magnetismo que transmitía hizo de Soledad un mito entre muchos aficionados, sobre todo, al cine fantástico.

Desde aquí, un recuerdo a una gran figura que brilló en un océano de mediocridad. Una auténtica flor en el desierto.




jueves, 4 de mayo de 2017

La tetralogía templaria de Amando de Ossorio




Es curioso cómo el dicho que reza "nadie es profeta en su tierra" se hace más que evidente en el cine de género hecho en España. Y es aún más sangrante, si cabe, con el cine fantástico o, usando el término que se acuñó en la propia piel de toro, fantaterror.


Nombres como Paul Naschy o Jesús Franco (Jess Frank, entre otros seudónimos) son, desde hace muchos años, figuras de un culto internacional que no para de crecer.






Personajes tan poliédricos como Narciso (Chicho) Ibáñez Serrador comienzan ahora a recibir un merecido homenaje en la tierra en la que desarrollaron su carrera.




Pero, entre toda la maraña que compone el género fantaterrorífico patrio (muy abundante desde 1970 hasta 1975, con ejemplos reseñables antes y después de esas fechas), hay que destacar la figura de Amando de Ossorio, un gallego que se especializó en el género fantástico (aunque también realizó otro tipo de filmes). Él siempre conoció sus limitaciones como cineasta (bastante evidentes en sus películas, por otra parte), siendo bastante humilde (este aspecto es menos habitual) cuando hablaba sobre sus creaciones. Hay que señalar que no tenía ningún tipo de formación cinematográfica, siendo un autodidacta (era periodista de profesión y llegó a trabajar en RNE). Sin embargo, por su formación pictórica, encontramos algunos aspectos interesantes.


Dentro de su obra fantástica, destaca, por encima de todas, la saga que dedicó a los monjes templarios, una tetralogía que comprende los siguientes títulos, en orden cronológico, realizados entre 1971 y 1975:


  • La noche del terror ciego.
  • El ataque de los muertos sin ojos.
  • El buque maldito.
  • La noche de las gaviotas.




Semejante saga no se había visto nunca antes por estas tierras y, merece una revisión crítica y una edición en condiciones. Es triste para mí contemplar que no existe más que ediciones piratas en España de algunas de sus películas, mientras que en Reino Unido se puede disfrutar de un cofre de lujo que contiene las 4 películas de la saga, un documental (imprescindible) sobre su figura, y un libreto donde se comentan detalles jugosos para los aficionados. 


No. No se trata de obras maestras indiscutibles. No se trata de Ciudadano Kane o de Vértigo, pero son obras de un evidente encanto y que tienen mucho (bueno, algo) del acervo cultural y social que se vivía en esos años en España. De hecho, si hacemos caso a Phil Hardy, los monjes templarios serían los representantes del conservadurismo moral en la España franquista, agentes de la represión.


No son grandes películas pero sí tienen grandes momentos. En cada una de ellas, hay varias escenas que impresionan por su audacia (el hecho de que se convirtieran en películas de gran éxito en mercados internacionales y el que hayan sido reivindicadas por grandes cineastas de nuestros días ratifica lo dicho arriba). Y todo ello, al mismo tiempo del carácter de explotación que tienen (en este caso, está claro su referente: La noche de los muertos vivientes (Night of the living dead) de George A. Romero. Además, debemos tener presente el paupérrimo presupuesto con el que se contó, lo que lastró, en algunas ocasiones, el resultado final de las mismas. Y, por si fuera poco, habría que considerar la falta de unos efectos especiales en condiciones. Esto se debe a lo costoso de los mismos y a la ausencia de unos grandes especialistas patrios (eran muy escasos).


Lo realmente especial de esta saga de filmes es la creación de unos seres completamente nuevos a partir de elementos nacionales: la fuente está en los Cuentos y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. A la fuente literaria, se le añadirá el elemento zombie (aunque, en este caso, no se trata de muertos vivientes sino de monjes inmortales). Con el tiempo, en las últimas películas de la saga, también veremos gotas de ciencia-ficción (la dimensión paralela en la que se mueve El buque fantasma), la leyenda del holandés errante e, incluso, toques lovecraftianos (en esa deidad marina adorada por los lugareños del poblado). Como vemos, todo un cóctel de lo más sugerente (en mi opinión) que se aleja de los tipos iconográficos clásicos del terror fantástico: hombres lobo, momias, vampiros...

Se quejaba Amando de Ossorio a los productores de qué iba a hacer para continuar con las andanzas de estos monjes templarios sanguinarios: en la primera parte van a caballo; en la segunda, también les vemos a pie; en la tercera, surcan las aguas (y el tiempo); en la cuarta, se alían con otras fuerzas más poderosas.


Todas sus películas sobre los templarios fueron exitosas, si bien la última, obtuvo menores beneficios lo que propició el fin de la saga templaria. Hasta nuestros días, cuando, en formato cortometraje (El último guión) se han recuperado. Se comenta (no hay nada oficial al respecto) la posibilidad de haber hecho una quinta película en la que los templarios medirían sus fuerzas a Waldemar Daninsky, el hombre lobo encarnado por el "monstruo nacional", Paul Naschy. Incluso, se ha escrito el nombre de Necronomicón, pero, como digo, nada hay al respecto.

Además de los templarios que le hicieron ganar un hueco en el alma y en el corazón de los aficionados al fantastique (sobre todo, internacionalmente), Ossorio también realizó otras aventuras con su toque personal del pastiche alocado o demencial que, unido al bajo presupuesto de dichas películas, se transformarían en obras de un indudable regusto kitsch que son muy reivindicables para los aficionados de mente abierta. Estoy hablando de La noche de los brujos, Las garras de Lorelei, Malenka, la sobrina del vampiro o de Serpiente de mar. De estas 4, mejor quedarse con las 2 primeras.




Como señalábamos antes, Amando de Ossorio es uno de los grandes nombres del fantaterror hispano, una figura que bien merece una pequeña reivindicación por su honestidad y saber hacer.





viernes, 10 de marzo de 2017

Barbara Steele, los ojos del Horror



Hoy, en la semana en la que se ha celebrado el día internacional de la mujer trabajadora, vamos a traer a primer plano a una mujer, una gran dama del Horror.



Sin duda alguna, uno de los rostros más carismáticos del cine de terror europeo. Estamos hablando de Barbara Steele, cuyos ojos, de forma almendrada y gran tamaño han hipnotizado a miles de seguidores del cine fantástico.

En los carteles de La máscara del demonio (Black Sunday) se hacía una explícita mención a esos ojos hiperbólicos de la Steele


Descubierta muy joven cuando trabajaba como modelo en Londres, su irrupción en esa gran obra maestra del gótico italiano, La máscara del demonio (Black Sunday), 1960, dio inicio a una carrera que, en sus inicios, se centró en el cine de terror.
Mario Bava dando instrucciones a Barbara Steele, quien aún hoy recuerda la amabilidad y corrección con la que el genio italiano trataba a todos los miembros de su equipo

Posteriormente, quiso quitarse de encima esa etiqueta aunque, tuvo que volver a trabajar en el género que la hizo inmortal. Hoy en día, a pesar de que ya no trabaja como actriz, sigue acudiendo a convenciones para hablar de su carrera y de algunos directores que trabajaron con ella como el gran Mario Bava o Antonio Margheritti entre muchos otros.



Por su carismático rostro, y, fundamentalmente, por su mirada, los ojos de Barbara Steele son los ojos del Horror (incluso un grupo punk hizo referencia a estos ojos en una canción). Nos quedaremos con esos ojos eternos una vez más.


martes, 27 de diciembre de 2016

Mary Shelley: 200 años de Frankenstein

Retrato de Mary Shelley, la madre de la ciencia-ficción

Ilustración correspondiente a la tercera edición de Frankenstein, la primera que las incluyó
Fue en el verano de 1816 cuando, en Suiza, durante una noche tormentosa en la Villa Diodati (entonces residencia del poeta romántico Lord Byron) se concibió la historia de Frankenstein. Sin lugar a dudas, se trata del origen del género de la ciencia-ficción.
Esta portada muestra una de las escenas más famosas (y polémicas) del Frankenstein de James Whale que se convirtió en la imagen canónica de la criatura

Aquella noche (recreada en la película de Gonzalo Suárez, Remando al viento), por deseo de su anfitrión Lord Byron, Mary Shelley, su marido Percy Shelley y, su amigo, el médico John Pollidori, concibieron cuentos de terror en una suerte de concurso cuyo premio se llevaría aquel que provocara mayores temores o pesadillas.
Elegante portada de otra edición del clásico inmortal de Mary Shelley. El gran Forry era un ávido coleccionista de las numerosísimas ediciones (a lo largo y ancho del globo) de Frankenstein, reuniendo más de 250

Es, durante ese verano, terriblemente lluvioso de 1816, cuando se concibió el embrión de Frankenstein, cuyo nacimiento tendría lugar dos años más tarde, en 1818 bajo el título de Frankenstein o el moderno Prometeo.
La criatura con la novia creada para ella en la soberbia La novia de Frankenstein (James Whale, 1935), una secuela que es superior (probablemente sea la mejor película sobre este mito fantaterrorífico jamás rodada) al original, también de J. Whale

En su novela, Mary Wollstonecraft Shelley (1797 - 1851), se cuenta la historia de un joven y ambicioso doctor (Victor Frankenstein) cuya aspiración es la creación de la vida misma a partir de la muerte. Este personaje, es, sin ningún género de dudas, el arquetipo del mad doctor, ese científico loco, que desafía las convenciones morales y éticas de su época para lograr la superación de la ciencia. Todo un clásico del género de la ciencia-ficción, indispensable en muchas obras.
Con Peter Cushing como el doctor Frankenstein todas las miradas se posaban en su soberbia y elegante actuación. Por vez primera, la criatura pasaba a un segundo plano en esas clásicas películas de la Hammer

Sin embargo, el nombre de Frankenstein viene asociado, más que a su creador, al de su criatura, ese monstruo al que han dado vida, en la gran pantalla, numerosos actores. Pero que, iconográficamente, alcanzó su culmen el año de 1931, en la mítica película de la Universal. Esa actuación, soberbia, de Boris Karloff, con ese maquillaje impresionante creado por Jack Pierce para la película de James Whale, será la representación de una criatura que se va a transformar en un mito, dentro y fuera del cine. Todo un icono de la cultura popular del siglo XX, completamente identificable para cualquier persona, aún sin haber visto ninguna de las películas clásicas de la productora Universal.

Carteles originales del Frankenstein de la Universal

Reconozco, como fan que soy del género fantástico en toda su extensión, que, después de haber visto unas cuantas variantes cinematográficas de Frankenstein, cuando leí la novela, años más tarde, siendo ya adulto, me costó centrarme en ella. Me resultaba complicada de leer y, desde luego, no era lo que yo me esperaba. Pero, en cualquier caso, superadas esas dificultadas iniciales, es imposible no dejarse llevar por el viaje que plantea la autora, toda una odisea llena de dilemas morales que se contraponen al avance científico. Es curioso, que, Mary Shelley se dejara llevar por algunas de las corrientes más innovadoras de su época y las plasmara en su relato: por ejemplo, la reanimación a través de la electricidad (con las teorías y estudios de Luigi Galvani y de Erasmus Darwin).

Arriba una lobby card. Abajo una de las escenas más recordadas de la película de 1931

Lo que más me chocó, y aquí estoy completamente de acuerdo, con la "queja" del gran Forrest J. Ackerman en su libro Ciencia Ficción (al gran Forry le debemos la creación de sci-fi, la unión abreviada de science fiction) acerca de la descripción que Mary Shelley hace de la criatura. Resulta muy escasa, alejada de la imagen que nosotros tenemos en mente, grabada a fuego. A este respecto, mencionar la renovación iconográfica pretendida por Kenneth Branagh a principios de los '90 en su versión cinematográfica de Frankenstein, perpetrada por Robert de Niro. Más cercana a lo que planteó la autora, pero, tan alejada de nuestra imagen tipo, que rayaba en el esperpento.

Boris Karloff (el actor que encarnó al monstruo) con Jack Pierce (el maquillador que ideó el aspecto que todos conocemos). Ambos forjaron la iconografía de un mito dentro y fuera de las pantallas

Boris Karloff, cuenta la leyenda, que fue recomendado por el mismísimo Bela Lugosi (tras rechazar el papel de criatura). Su carrera no volvió a ser la misma. Se convirtió en uno de los rostros más reconocibles para todos los aficionados al cine fantástico

El impacto y el poder de la imagen arquetípica de Frankenstein (el de Karloff y Pierce) ha ejercido una enorme influencia en todo tipo de adaptaciones: series de TV, cómic, dibujos animados, programas infantiles, productos diversos... Y así seguirá por mucho que pasen los años.
De Niro como la criatura. Sobran las palabras

También Frankenstein fue usado en los cómics de Marvel, en series propias o en las de los superhéroes regulares de la compañía

Expansión del universo forjado por Mary Shelley en la obra de Aldiss que nos traslada al año 2020

Pastiche psicotrópico rodado por Jesús Franco. Todo un mash-up de monstruos que tiene su encanto

Desde aquí, animo a cualquiera a adentrarse en ese universo fascinante que es Frankenstein, novela (y otras adaptaciones posteriores que ampliaban -o revisitaban- el mito de Frankenstein, caso de The ultimate Frankenstein, recopilación de relatos de grandísimos autores o ese Frankenstein desencadenado de Brian Aldiss, que traslada la acción -y la actualiza- al mundo futuro) y películas, fundamentalmente las clásicas de la Universal (sobre todo las dos de Whale), las de la productora inglesa Hammer (a todo technicolor) con un inolvidable Peter Cushing en el papel de un maquiavélico doctor; o ese experimento que raya la psicotronía pop que lleva por título Drácula contra Frankenstein dirigido por Jesús Franco.
Lobby card de La maldición de Frankenstein, la renovación del mito planteada por la productora británica Hammer dirigida por ese genio llamado Terence Fisher, todo un maestro del cine fantástico. Peter Cushing como el doctor y, nada más y nada menos, que Christopher Lee como la criatura. Hay que verla.

200 años después de su primera concepción la historia de Frankenstein y los límites de la ciencia siguen estando de plena actualidad.