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jueves, 4 de mayo de 2017

La tetralogía templaria de Amando de Ossorio




Es curioso cómo el dicho que reza "nadie es profeta en su tierra" se hace más que evidente en el cine de género hecho en España. Y es aún más sangrante, si cabe, con el cine fantástico o, usando el término que se acuñó en la propia piel de toro, fantaterror.


Nombres como Paul Naschy o Jesús Franco (Jess Frank, entre otros seudónimos) son, desde hace muchos años, figuras de un culto internacional que no para de crecer.






Personajes tan poliédricos como Narciso (Chicho) Ibáñez Serrador comienzan ahora a recibir un merecido homenaje en la tierra en la que desarrollaron su carrera.




Pero, entre toda la maraña que compone el género fantaterrorífico patrio (muy abundante desde 1970 hasta 1975, con ejemplos reseñables antes y después de esas fechas), hay que destacar la figura de Amando de Ossorio, un gallego que se especializó en el género fantástico (aunque también realizó otro tipo de filmes). Él siempre conoció sus limitaciones como cineasta (bastante evidentes en sus películas, por otra parte), siendo bastante humilde (este aspecto es menos habitual) cuando hablaba sobre sus creaciones. Hay que señalar que no tenía ningún tipo de formación cinematográfica, siendo un autodidacta (era periodista de profesión y llegó a trabajar en RNE). Sin embargo, por su formación pictórica, encontramos algunos aspectos interesantes.


Dentro de su obra fantástica, destaca, por encima de todas, la saga que dedicó a los monjes templarios, una tetralogía que comprende los siguientes títulos, en orden cronológico, realizados entre 1971 y 1975:


  • La noche del terror ciego.
  • El ataque de los muertos sin ojos.
  • El buque maldito.
  • La noche de las gaviotas.




Semejante saga no se había visto nunca antes por estas tierras y, merece una revisión crítica y una edición en condiciones. Es triste para mí contemplar que no existe más que ediciones piratas en España de algunas de sus películas, mientras que en Reino Unido se puede disfrutar de un cofre de lujo que contiene las 4 películas de la saga, un documental (imprescindible) sobre su figura, y un libreto donde se comentan detalles jugosos para los aficionados. 


No. No se trata de obras maestras indiscutibles. No se trata de Ciudadano Kane o de Vértigo, pero son obras de un evidente encanto y que tienen mucho (bueno, algo) del acervo cultural y social que se vivía en esos años en España. De hecho, si hacemos caso a Phil Hardy, los monjes templarios serían los representantes del conservadurismo moral en la España franquista, agentes de la represión.


No son grandes películas pero sí tienen grandes momentos. En cada una de ellas, hay varias escenas que impresionan por su audacia (el hecho de que se convirtieran en películas de gran éxito en mercados internacionales y el que hayan sido reivindicadas por grandes cineastas de nuestros días ratifica lo dicho arriba). Y todo ello, al mismo tiempo del carácter de explotación que tienen (en este caso, está claro su referente: La noche de los muertos vivientes (Night of the living dead) de George A. Romero. Además, debemos tener presente el paupérrimo presupuesto con el que se contó, lo que lastró, en algunas ocasiones, el resultado final de las mismas. Y, por si fuera poco, habría que considerar la falta de unos efectos especiales en condiciones. Esto se debe a lo costoso de los mismos y a la ausencia de unos grandes especialistas patrios (eran muy escasos).


Lo realmente especial de esta saga de filmes es la creación de unos seres completamente nuevos a partir de elementos nacionales: la fuente está en los Cuentos y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. A la fuente literaria, se le añadirá el elemento zombie (aunque, en este caso, no se trata de muertos vivientes sino de monjes inmortales). Con el tiempo, en las últimas películas de la saga, también veremos gotas de ciencia-ficción (la dimensión paralela en la que se mueve El buque fantasma), la leyenda del holandés errante e, incluso, toques lovecraftianos (en esa deidad marina adorada por los lugareños del poblado). Como vemos, todo un cóctel de lo más sugerente (en mi opinión) que se aleja de los tipos iconográficos clásicos del terror fantástico: hombres lobo, momias, vampiros...

Se quejaba Amando de Ossorio a los productores de qué iba a hacer para continuar con las andanzas de estos monjes templarios sanguinarios: en la primera parte van a caballo; en la segunda, también les vemos a pie; en la tercera, surcan las aguas (y el tiempo); en la cuarta, se alían con otras fuerzas más poderosas.


Todas sus películas sobre los templarios fueron exitosas, si bien la última, obtuvo menores beneficios lo que propició el fin de la saga templaria. Hasta nuestros días, cuando, en formato cortometraje (El último guión) se han recuperado. Se comenta (no hay nada oficial al respecto) la posibilidad de haber hecho una quinta película en la que los templarios medirían sus fuerzas a Waldemar Daninsky, el hombre lobo encarnado por el "monstruo nacional", Paul Naschy. Incluso, se ha escrito el nombre de Necronomicón, pero, como digo, nada hay al respecto.

Además de los templarios que le hicieron ganar un hueco en el alma y en el corazón de los aficionados al fantastique (sobre todo, internacionalmente), Ossorio también realizó otras aventuras con su toque personal del pastiche alocado o demencial que, unido al bajo presupuesto de dichas películas, se transformarían en obras de un indudable regusto kitsch que son muy reivindicables para los aficionados de mente abierta. Estoy hablando de La noche de los brujos, Las garras de Lorelei, Malenka, la sobrina del vampiro o de Serpiente de mar. De estas 4, mejor quedarse con las 2 primeras.




Como señalábamos antes, Amando de Ossorio es uno de los grandes nombres del fantaterror hispano, una figura que bien merece una pequeña reivindicación por su honestidad y saber hacer.





domingo, 5 de marzo de 2017

BLAXPLOITATION

El carácter de explotación del cine ha existido desde sus mismos orígenes. Siempre buscando un público ansioso de ver un determinado tipo de contenidos o de repetición de las pautas exitosas de otros filmes o productos culturales.

En el caso concreto que hoy nos ocupa, además, esa explotación estaba dirigida a un sector concreto del público: las audiencias de color, que, cada vez más, estaban convirtiéndose en un público que demandaba unos contenidos específicos con tramas y personajes que fueran representativos y carismáticos para ellos.

Si bien, la Blaxploitation ya existió desde muy temprano (a este respecto, es genial el artículo escrito por Javier G. Romero en el número 1 de su excelente publicación Cine-Bis -sin ninguna duda, es lo mejor que hoy se publica sobre cine en nuestro país), cobrará una mayor importancia a finales de los años '60, consolidándose en los '70. Son los años del Black power, que los movimientos de protesta masivos por los derechos civiles extendieron por ese gran país que es Estados Unidos. James Brown cantaba "Say it loud! I'm black and I'm proud!".


La población afroamericana deseaba ver en pantalla grande a tipos que fueran como ellos, que vivieran en sus barrios, que lucharan contra la injusticia de la discriminación racial. Publicaciones como Ebony (no olvidemos que era la lectura de noche del detective John Shaft), el equivalente a Playboy, se editaron entonces con mucho éxito.


Si en la época triunfaban las películas de policías y detectives, el cine de terror, la ciencia-ficción, el western... las películas de Blaxploitation adaptaban esos géneros para el espectador de color. Es así como se llenaron las carteleras de títulos, como mínimo, llamativos. Pero, de entre todos ellos, destacaron varias películas o personajes que brillaron con luz propia. Vamos a por ellos.


  1. Shaft: el detective John Shaft, creado por el escritor Ernest Tidyman, es, sin ninguna duda, uno de los personajes más destacados del fenómeno Blaxploitation. Enfundado en su chaqueta de cuero, se dedica a investigar los bajos fondos para resolver casos con una chulería sin igual. Interpretado por Richard Roundtree, Shaft sería el protagonista de una trilogía de películas desigual: Las noches rojas de Harlem (Shaft), Shaft vuelve a Harlem (Shaft's big score) y Shaft en África. Las 2 primeras fueron dirigidas por Gordon Parks y la última por John Guillermin (director blanco, lo que acredita el enorme éxito de este personaje y que atrajo el deseo de los grandes estudios). En el año 2000, Shaft fue objeto de un remake o reboot encarnado por Samuel L. Jackson (¡cómo no!) en el que Roundtree tiene un papel secundario como tío del protagonista.
  2. Cleopatra Jones: Tamara Dobson da vida a esta agente especial encubierta del gobierno que tiene una clase sin igual. Protagonizó 2 películas de acción bien resueltas: Cleopatra Jones y Cleopatra Jones y el casino de oro. 
  3. Blacula: en Blacula y en Scream, Blacula scream! vemos la interpretación de un personaje clásico del terror como es Drácula, adaptado para el público de color. Interpretado por un actor clásico como William Marshall, dotó de un aura de seriedad al personaje que lo hizo muy carismático para todos los aficionados. Un Drácula urbano y funky. Sin duda alguna, una aproximación al personaje novedosa, fresca y bien hecha.
  4. Pam Grier: ciertamente, se trata de la actriz más reconocible del fenómeno Blaxploitation. Sus películas Coffy y Foxy brown resultan buenos ejemplos del mismo. Su carrera continuó más allá de la moda del Blaxploitation, y fue rescatada por Tim Burton (en Mars attacks!) y por Quentin Tarantino (en Jackie Brown -de hecho, el título hace referencia a uno de sus papeles más destacados).
  5. Fred Williamson: el actor, anteriormente jugador de fútbol americano, conocido como "The hammer" desarrolló una carrera interpretativa en la que se convirtió en un icono del Blaxploitation con personajes inolvidables como el que hacía en Black ceasar o The godfather of Harlem, película dirigida por el blanco Larry Cohen y que es un pequeño clásico con una banda sonora increíble firmada por el mismísimo James Brown. Una de las grandes películas negras.
  6. Superfly: el macarra camello interpretado por Ron O'Neal (también se encargó de dirigir la segunda parte) con un carisma increíble supone otro de los momentos destacados del Blaxploitation. Su primera película, con esa inolvidable banda sonora de Curtis Mayfield, logró desatar la polémica en la población de color por la glorificación de un personaje de esa dudosa moralidad. Por eso, en la secuela, acabó ajusticiado.
Este fenómeno renació fugazmente en los años '90 y en los primeros años de los 2000 con títulos como New Jack city, American gangster, Do the right thing (esta última es anterior, de finales de los '80) entre otros. Fue una moda efímera y dispersa en el tiempo pero que sirvió para que tipos como Ice T o Ice Cube iniciaran carreras en el cine.

De lo que no hay duda, es de la Blaxploitation original dejó personajes y películas memorables. Serán mejores o peores, pero siempre productos de una época y un momento muy concretos con unas características particulares. Cómo olvidar engendros como Blackenstein, Abby, The thing with two heads y tantas otras películas que nos han hecho pasar tantos buenos ratos.



viernes, 13 de mayo de 2016

Nostalgia 80s: álbum de cromos Monstruos


Es complicado expresar lo que sentimos muchos por este álbum de cromos (sí muchos jóvenes en los '80 que comprábamos estos sobres de cromos para completar el álbum) porque he visto, a la hora de buscar las imágenes por Internet, que hay numerosas entradas en blogs o foros diversos. 



Muchos niños (yo tenía 8 años cuando salió el álbum) alucinábamos cuando pasábamos delante del kiosko de turno y veíamos el álbum y los sobres de cromos para completarlo. Y es que las ilustraciones eran impresionantes, especialmente para niños fácilmente impresionables como éramos nosotros a esas edades tan tempranas y de otra época. Sí, la época pre-Internet y pre-teléfonos móviles. 


Como se puede apreciar en las imágenes del álbum que he sacado por ahí (desgraciadamente, no lo conservo) se trata de una compilación de ilustraciones de diversos monstruos y criaturas fantásticas. Toda una mezcla extraña en la que cabían desde criaturas de las diversas mitologías clásicas, a seres sacados de cuentos y leyendas populares de todo el mundo, o monstruos de las películas de terror y ciencia ficción clásicas o, incluso, superhéroes (o villanos). En estos últimos se nota la fuerte carga de explotación de este producto, ya que, supongo que por un tema de derechos de imagen, encontrábamos trasuntos de personajes reales de las editoriales Marvel o DC. Impagable el capitán Europa.



Lo único que puedo decir es que este álbum contribuyó muchísimo a fomentar mi afición por este mundo de la fantasía y del terror. Por lo tanto, para mí, este álbum, supone mucho más que un ejercicio de nostalgia ochentera. Así que, este recuerdo, este pequeño homenaje (uno más de tantos) supone una manera de pagar mi deuda con este álbum que me sirvió de ejercicio de introducción a un mundo fascinante.