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jueves, 8 de junio de 2017

Censurado: Las portadas de Sticky fingers

Icónico logotipo de la banda más grande de todos los tiempos. Inspirado en la boca de Mick Jagger.

Hoy una breve entrada sobre un sonado caso de la censura franquista.

Simplemente impresionante el diseño y la ejecución de este clásico del Rock.

El año de 1971 vio la publicación de Sticky fingers de los Rolling Stones. El primero de los discos en el que colaboró (en su totalidad) el genial guitarrista Mick Taylor, iniciando así el grupo una de sus épocas doradas.
La carpeta interior continuaba con el diseño global del vinilo. Coherencia y provocación con estilo. Parece ser que, a pesar de los rumores difundidos por el mismo Jagger, Warhol utilizó a varios modelos para esta icónica portada paquetera que crearía escuela.

Bien, pues en España, la portada original que diseñó el artista pop Andy Warhol fue considerada ofensiva por la Iglesia católica, encargada de velar por la moral de todos los españoles. Esa entrepierna enfocada en primer plano, que además incluía una cremallera de verdad (que se podía subir y bajar al antojo), toda una genialidad por parte del artista, no pudo verse en España hasta muchos años más tarde.
Fotografía interior con los miembros de los Rolling: Charlie Watts, Mick Taylor, Bill Wyman, Keith Richards y Mick Jagger. Genio y figura.

Sin embargo, a pesar de que la censura se encargó de sustituir esa portada también otros países como Taiwan, el caso español es mucho más conocido por la relevancia que tuvo la portada que se encargo para sustituir la original. En este caso, se optó por un diseño de John Pasche (quien también retocó la famosa idea original de la boca y los labios -de Ernie Cefalu, que cobró 200 dólares por ello- que se convertiría en el logotipo oficial de la banda; que aparece por vez primera en este pedazo de disco) y una fotografía original de Phil Jude.

Imagen explicativa de este icónico diseño, que hoy podemos "disfrutar" en todo tipo de objetos y memorabilia que podamos imaginar. Las camisetas en las grandes cadenas de moda serían uno más de éstos.


Cuando se editó oficialmente en la Rusia, en 1992, se cambió la portada original por esta otra. Una modelo femenina (no vaya a ser que nos equivoquemos de bando) con un cinturón con una hebilla con el símbolo comunista, la hoz y el martillo. Sin comentarios.

El disco editado en España, hoy una cotizada pieza de coleccionista, mostraba una lata de melaza de la que emergían unos dedos femeninos. Algo, desde luego, mucho más escabroso, que podría enlazar fácilmente con el naciente género cinematográfico del slasher.

Muy truculenta. Se eligió esta marca de melaza en concreto porque era la más espesa del mercado. La modelo, obviamente oculta bajo la lata, trabajó muy incómoda para lograr este resultado impresionante. A mí, particularmente, esta portada me parece mucho más provocadora y turbadora.

Para acabar, señalar la enorme influencia que esta tremenda obra de arte transformada en portada de disco ha tenido. Pues, no han sido pocos, los homenajes que ha recibido dentro del mundo discográfico. Yo aquí solamente voy a ilustrar con el álbum de debut de mis adorados Mötley Crüe, por otra parte, toda una declaración de las intenciones de la banda precursora del sleazy Rock.

El paquete de Vince Neil (frontman de Mötley Crüe y genuino cock rocker de la vieja escuela) ocupó el primer plano. Toda una declaración de intenciones. 


miércoles, 13 de julio de 2016

Body Count y la polémica de Cop Killer


La verdad es que llevo mucho tiempo queriendo hablar de este tema. Aunque no sabía muy bien cómo enfocarlo, pero, teniendo en cuenta las últimas noticias que llegan desde EEUU, he decidido mezclar arte y sociedad. Sí, música y el contexto en el que surge, que no siempre, es el más ideal.

Toda forma de arte es social. Hecha por personas para personas de la época en la que viven. Nunca se puede obviar eso. Hoy toca un aspecto muy polémico para muchos, incluso en nuestros días. Toca hablar de censura. Censura en el país de las libertades. Pero vamos a ir pasito a pasito.

Es marzo de 1991. La brutal agresión a Rodney King (grabada con una videocámara), estando esposado, por varios policías del departamento de policía de Los Ángeles, desata una agria polémica por la excesiva violencia aplicada contra un ciudadano de color. No era la primera vez. Tampoco será la última. Solo hay que echar un vistazo a las noticias estadounidenses, donde la brutalidad policial ha vuelto a la primera plana. Por lo tanto, el tema racial, tan polémico, sigue de plena actualidad.


Un año más tarde, en marzo de 1992, Body Count, una banda de Rock formada por el rapero Ice-T y varios compinches de color, publicaban su álbum de debut. El disco, una soberbia mezcla de Hard Rock, Hardcore y mucha mala leche, fue publicado por Sire Records (sello discográfico propiedad de Madonna) y amparado bajo el cobijo de Warner Records (una de las grandes compañías de entonces). La música se intercala con unos breves discursos de Ice-T que denunciaban varias aspectos relativos a la población de color (alta criminalidad, bajo nivel escolar, promiscuidad sexual...). El disco también denunciaba la situación de desamparo de los ghettos en los que vivía la población negra y la brutalidad policial, especialmente en el tema final del álbum, llamado "Cop killer".


Pero, a finales de abril de 1992, se publicó la sentencia del juicio de Rodney King. Un jurado blanco absolvió a los policías acusados de la brutal paliza (a pesar de haber sido grabada). Y, durante varios días, se suceden una serie de disturbios terribles en Los Ángeles que se saldaron con 54 muertos y varios miles de heridos. El presidente George Bush acusó a la canción de Body Count de provocar estos disturbios. Y entonces llegó la polémica de la censura. Se retiró del mercado el disco y se sustituyó por otra edición en la que "Cop Killer" era sustituida por "Freedom of speech" (libertad de expresión), que hacía referencia explícita a la primera enmienda de la Constitución estadounidense. El tema, grabado por Ice-T y Jello Biaffra era un alegato en favor de la libertad.

Dejando a un lado las polémicas, es un disco excelente, facturado por unos músicos repletos de angustia y de rabia. Recuerdo las fotos de la banda en un viejo Popu, donde gente como Duff McKagan (bajista de GNR) o Henry Rollins se subían al escenario a tocar con Body Count. Nada sobra en el disco, cuya portada, con la imagen de un pandillero, era muy llamativa, al menos para mí. Mis temas favoritos: There goes the neighborhood, Mama's gotta die tonight, Cop killer (aunque en mi copia ya no estaba)... Cualquiera. Y es que la frescura, ni la vigencia han hecho mella, a pesar de los 25 años (casi) que han pasado desde que se publicó.

Como hemos mencionado antes, en el disco se mencionaban varios aspectos relativos a la marginalidad de la población de color estadounidense, algo que no era nuevo. El tema de la violencia provocada por la marginalidad había sido un sujeto determinante de los primeros discos de Rap que emergieron en la década de los '80, especialmente en ciertas bandas como N.W.A. acrónimo de Niggers With Attitude (la traducción sería "negratas con actitud"). Su disco de debut, de 1987, "Straight outta Compton", sería un ejemplo evidente de esta música con un claro componente social. Compton es uno de los barrios más difíciles de Los Ángeles. Vince Neil, cantante de Mötley Crüe, comentaba en The Dirt que se crió allí, siendo, con su hermana, el único chico blanco de su barrio y de su escuela, con unas anécdotas interesantes e inquietantes al mismo tiempo.

N.W.A. fue una banda muy popular, a la par que polémica. Una vez disuelta, en 1991, sus miembros desempeñaron varias carreras en solitario de éxito (caso de Ice Cube o de Dr. Dre). Y, en septiembre de ese año de 1991, un director de cine de color, John Singleton, debuta tras las cámaras rodando un film de tintes autobiográficos llamado "Boyz 'n the hood" (en España se bautizó como "Los chicos del barrio"), protagonizado por Ice Cube, Laurence Fishbourne, Cuba Gooding Jr. o Nia Long entre otros. El guión de la película, escrito por el propio Singleton, ponía de relieve la dificultad de criarse en un ambiente envuelto en la violencia y en la marginalidad, sin referentes para la juventud. La película fue un gran éxito, no solo entre el público de color. El presidente Clinton de ella que denunciaba sin exaltar la violencia. El reconocimiento, aunque no logró ninguno de los premios Óscar a los que estuvo nominada -dirección y guión-, le ha llegado con su inclusión en la lista de films que la Biblioteca nacional del congreso estadounidense por sus aportación a la cultura de ese país.

De nuevo, los tintes autobiográficos que hemos ido viendo, tanto en la música de Body Count o de N.W.A. o en otras bandas de Rock o Rap, se hacía presente en la película, un claro clásico a reivindicar. De hecho, se filmó en el mismo barrio de South Central de Los Ángeles, un barrio bastante conflictivo, donde se crió Singleton, para aportar autenticidad.

Echando la vista atrás, parece que todas estas denuncias a través del arte han servido para nada. Solo hay que observar las estadísticas de incidentes violentos entre la policía estadounidense y los jóvenes de color. Las cifras siguen aumentando.