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sábado, 3 de junio de 2017

Despidiendo a Chris Cornell



Soundgarden, cuyo nombre proviene de una escultura de Seattle

Han pasado ya unos días en los que he tratado de recuperarme del shock que me supuso la muerte de Chris Cornell. Su suicidio con solo 52 años me parece una tragedia terrible. Me ha costado mucho ponerme a escribir estas líneas a modo de pequeño homenaje para alguien que me seguirá acompañando durante el resto de mi vida con ese vozarrón que se desgarra en cada canción, esos aullidos que llenan el estéreo y se te clavan en el alma. No hay duda de que el mundo es un lugar peo ahora que ya no está entre nosotros.

La voz de Cornell siempre fue una de las grandes bazas del grupo, que tenía un sonido que mezclaba las influencias clásicas (Zeppelin, Sabbath,etc.) con la psicodelia, el punk o el blues



Se trata de uno de mis grandes ídolos de juventud, de esos años (a)dorados de adolescencia, en los que nos vamos formando como personas, construyendo nuestra identidad a base de leer, mirar (y escuchar) aquí y allá.
La formación clásica (que no la primera) de Soundgarden: Chris Cornell (guitarra y voces); Kim Thayil (guitarra principal); Matt Cameron (batería y percusión); Ben Shepherd (bajo)

Sin duda alguna, la generación de artistas Grunge, el considerado por muchos como el último gran movimiento musical, fue una de las más fructíferas en lo musical. Surgieron grandísimos grupos con un buen puñado de discos memorables, cuando no obras maestras absolutas. Algunos de ellos tuvieron éxito, de un modo rotundo, mientras que otros pues, no tanto. Pero, en el plano personal, las personalidades de varios de estos artistas estuvieron marcadas por la tragedia o la adicción (o ambas): los nombres de Andrew Wood, Layne Staley o Kurt Cobain son muy conocidos por todos. Ahora debemos sumar el de Chris Cornell a estos.


Andrew Wood una Rock star nacida fuera de tiempo, cuya muerte llegó antes incluso de la publicación de su primer disco
Cobain, el mártir del Grunge. Incomprensión y genialidad más adicción = muerte trágica
Layne Staley, la voz más personal del movimiento. 
El joven Cornell desfogándose en directo

Nirvana, Soundgarden, Pearl Jam y Alice in chains, que serían los Big 4 del Grunge, construirían la banda sonora de una generación entera (junto con otros músicos y grupos). Algunos de sus canciones seguirán para siempre con nosotros.

Badmotorfinger iniciaría una trilogía maravillosa a la que le seguirían Superunknown y Down on the upside, que sería su último álbum hasta la reunión de hace unos años.

No voy a entrar a comentar otros aspectos sobre su carrera profesional fuera de Soundgarden. En lo que a mi respecta, el siempre será el cantante de esta gran banda. Canciones como Burden in my hand, Black hole sun, Rusty cage, Outshined y tantas otras seguirán resonando en mi cabeza por siempre.

Vídeoclip de Jesus Christ pose







domingo, 26 de febrero de 2017

A propósito de Kurt Cobain

Esta semana Kurt Cobain hubiera cumplido 50 años.

El K.C. del disco póstumo en directo Live: unplugged in New York. El fin estaba cerca, pero nadie sabía que se encontraba a la vuelta de la esquina. Su testimonio artístico es más que notable. Imprescindible.

Su muerte, en abril de 1994, nos privó de su talento y dejó abiertas muchas incógnitas. El legado musical de Nirvana fue, entonces, y ahora (con todo el revival nostálgico que se vive de los años '80 y de los '90) se convirtió en objeto de saqueo y de explotación por unas compañías discográficas que veían cómo se acababa con la gallina de los huevos de oro.

No me interesa comentar su trayectoria. Ya lo hice brevemente cuando hablé del 25 aniversario de Nevermind, pero sí quería hacer mención a lo que significó para mí su música.
Uno de los libros de cabecera para entender el último movimiento musical influyente de verdad de la mano (mejor dicho de la boca) de sus propios protagonistas. Greg Prato hace un trabajo estupendo.

Mirando hacia el pasado, en aquellos años '90 del grunge, la figura de K.C. se erigió, de forma involuntaria por su parte, en el portavoz de la juventud de entonces. La rabia que sentía y que hacía estallar en forma de música, nos tocaba de un modo diferente al de otros artistas de la época. Le veías encima de un escenario (en la revista musical de turno -llámese Kerrang, Rip, Metal Hammer, Rock power, Heavy rock o Popular 1, esta última era mi biblia musical) y sabías que era igual que tú. Auténtico, real, jodido con la vida, con esos años de adolescencia en los que pones todo en duda. Era uno más, un amigo en la distancia que te hacía más llevadera tu triste (entonces) existencia.

Los chicos del Popular 1 haciendo un trabajo excepcional, como siempre

Me marcó. Pero, al igual que comenté anteriormente, tras ser explotado de forma brutal su imagen, su música, su leyenda, me hastié y olvidé a Nirvana voluntariamente. Ahora ya puedo volver a escucharles. No me importa que se sigan vendiendo camisetas suyas y que las lleven chavales que no tienen ni idea de quién es esa banda, ni de que sigan sacando recopilatorios o discos perdidos. Sinceramente, me da igual. Solamente quiero seguir disfrutando con su música. Ahora puedo.

Gira de In Utero. Disco excepcional por su anticomercial música y las letras cargadas de un extraño simbolismo premonitorio. Me los perdí en Madrid y aún me arrepiento por ello.

Lo que sí que me molesta y entonces no percibía es el lado humano de ese ídolo caído, involuntario que fue K. C. Viendo el documental Montage of Heck, donde se analiza la trayectoria vital del líder de Nirvana, te das cuenta de su fragilidad y de su inseguridad. Nunca entendí cómo, a pesar de lo que acabo de decir, estuviera tan enganchado a la heroína. Eran los '90, ya se conocía (de sobra) el daño que hace el caballo. Esa parte del documental, esos recuerdos que yo había olvidado, me provoca una tristeza y melancolía infinitas. No puedo evitar sentir piedad y compasión por el ser humano que aliviaba mi tristeza en esos años.

Desgañitándose en cada concierto o toma de estudio. Siempre daba el máximo

Es inevitable sentir algo al respecto. Pero no entiendo o no quiero entender cómo acabó así, cuando le tenía todo a su alcance para desarrollarse como ser humano y dedicarse por completo a su arte. Hoy, en la BBC leía un artículo al respecto, se puede especular con qué tipo de música estaría haciendo K.C., de si seguirían existiendo Nirvana (cosa que dudo), o de si se hubiera dedicado a la pintura o al cine (que le interesaban muchísimo). Pero de lo que no hay duda, es de todo ese talento desperdiciado por una droga, terrible y letal.

Antes que él, muchos otros cayeron en las garras de ese demonio en forma de azúcar de color marrón (Johnny Thunders o Stiv Bators, sin ir más lejos, los ejemplos más claros de dead men walking fuera del corredor de la muerte) e, incluso después (no puedo dejar de mencionar a Scott Weiland, muerto hace unos meses por la misma causa).  Y sigue siendo igual de triste y vacío e inútil, darte cuenta de que tus ídolos tienen pies de barro, que son de carne y hueso, al igual que tú. Su talento, arrollador, les hizo destacar de los demás, pero no pudieron vencer sus demonios. A pesar de ello, hicieron felices a millones de personas.

Hoy celebramos su legado (y lo seguiremos haciendo), paso lo que pase y le pese a quien le pese.

Godzilla (Gojira) mandando un saludo.

Para acabar solo quería mencionar un pequeño detalle en los títulos de crédito del documental sobre K.C. que he mencionado antes, Montage of heck. Y es que, aparecen breves fragmentos, unos instantes de Godzilla escupiendo fuego por su boca (será una alegoría sobre las letras que escribía K.C. o ¿no?) y, más impactante para mí, Supersonic Man. Sí, has leído bien, Supersonic Man, ese personaje creado por el valenciano Juan Piquer Simón, esa copia (o explotación) de Superman que bailaba música disco. Pues ahí queda eso. Cultura pop y Serie B (o más abajo en el abecedario) para aderezar un documental recomendable sobre uno de los personajes más destacados de la música de los '90 y, por ende, de la Historia.

Supersonic Man. Sin palabras. Pedazo de homenaje psicotrónico al cine de explotación.

viernes, 16 de septiembre de 2016

25 años de Nevermind de Nirvana

Icónica portada con un mensaje plenamente vigente
El próximo 24 de septiembre se cumplen 25 años (¡cómo pasa el tiempo!) de la publicación de Nevermind de Nirvana, "el disco que lo cambió todo" (según la revista Spin). No estoy seguro de si lo cambió todo, pero, desde luego, cambió las reglas del juego en el panorama musical de un modo que no se ha vuelto a ver desde entonces.

Hace 5 años, se publicó una edición "de luxe", bastante completita, que creo que será la definitiva. Todo el que no la tenga ya, que se haga con una copia: incluye el disco tal y como se editó (que ahora comentaremos brevemente), la mezcla alternativa (Devonshire mixes) que se desechó, así como demos y directos de la época.


Con Nirvana, el underground se hizo mainstream y el llamado (por la industria y la prensa musical) grunge llenó la estanterías de las tiendas de discos de todo el planeta, pillando a medio mundo con el pie cambiado.

Además de Nevermind, ese mismo año se publicó el "Black album" de Metallica (que popularizó el heavy metal a unos niveles desconocidos). También salieron al mercado los dos volúmenes de Use your illusion de Guns 'N Roses. O sea, que no estamos hablando de unos años de sequía en lo que a creatividad musical se refiere.


Pero 1991, será el año de la eclosión de Nirvana y del grunge. Antes de esta fecha, ya estábamos asistiendo a la popularización de la música alternativa: son los años del crossover de bandas como Faith no more, los hoy masivos (y completamente repetitivos) Red Hot Chili Peppers, Fishbone o Living Colour entre otros. Los grupos que dominan la industria musical son las bandas del (mal llamado) hair metal, grupos de hard rock como Poison, Mötley Crüe, L.A. Guns, Ratt y muchísimos más llenaban las portadas de las revistas musicales de Rock de medio mundo.

Cuando salió Nevermind, todo ésto sonó caduco y viejo. Carreras enteras (muy prometedoras) se vieron cortadas de repente. Sólo interesaba el grunge y lo que se podía asociar a este género. Todo lo que venía de Seattle (cuna del grunge) tenía eso sello de "calidad" que buscaban. Pero Nirvana sólo hubo unos.

Y Nirvana eran Kurt Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl. Antes de Grohl estuvo Chad Channing a las baquetas. Y también, brevemente, formó parte de Nirvana Jason Everman (segundo guitarrista; el tipo con más mala suerte del Rock ya que fue echado de Nirvana y de Soundgarden antes de que éstos obtuvieran el éxito masivo). E incluso podríamos mencionar a Pat Smear (que fue segundo guitarrista en los momentos finales de la banda).  Bueno, Cobain, Novoselic y Grohl. Estos tipos son los que grabaron Nevermind (y los posteriores discos de la banda), por lo que nos referiremos a ellos como Nirvana.

Nevermind es un disco excelente. Lleno de rabia, pero con melodías. Con unas letras incisivas que criticaban muchos aspectos de una sociedad decadente. Y eso era fundamental para unos adolescentes (iba a cumplir 14 años) que nos enfrentábamos a lo que fuera, lleváramos razón o no.  Cuando vi el vídeo de Smells like teen spirit en la televisión española (en La 2) nos quedamos flipados. Estos chicos sonaban enfadados y no necesitaban de hacer solos de guitarra. El caso, es que, al poco, nos hicimos con el disco y, enseguida, se puso de moda. Parecía que Nirvana era justo lo que estábamos esperando. Lo que no me gustó, fue que se hicieran tan masivos. En la época, lo que alcanzaba el éxito masivo lo veía como algo que no era auténtico, algo falso. ¡Qué equivocado estaba!

El disco estaba publicado por un sello grande (Geffen Records) y fue producido por el entonces casi desconocido, Butch Vig, cuya tarea fue la de hacer menos crudo el disco grabado por la banda (algo que ellos criticaron abiertamente). Sin embargo, el disco sonaba y suena de un modo magnífico a día de hoy. Es cierto que la versión "cruda" es mejor, en mi humilde opinión, pero lo que se publicó en 1991 apabulló a las masas (ha vendido unos 24 millones de discos).

Smells like teen spirit (el título está inspirado en un anuncio de desodorante) es una versión del More than a feeling de Boston en su estructura musical. Fue el primer single del disco y el que lanzó a esa espiral de fama a Nirvana. Esa misma fama que acabó con la mente de Cobain. El resto de los temas, ya sean Come as you are, Stay away, Territorial pissings, Breed, Lithium o cualquiera de las 12 canciones que componían el disco seguían en esta línea y llenaron mi cabeza durante muchos días.

Pronto me vi vistiendo al modo grunge (es decir, pantalones rotos, ropa vieja -usaba una chaqueta de ante de mi padre; camisas de franela de cuadros, jerséis de lana de rayas -a lo Freddy Krueger; barba y pelo largo descuidado). Y como yo, la amplia mayoría de la muchachada mundial que cayó bajo la influencia del grunge. Supuso el último movimiento musical masivo.


Pero ¿qué es el grunge?. Según los medios de la época, por grunge se entendía a la música que venía de Seattle, a ser posible en los grupos que publicaba el sello Sub Pop Records (recordar que en Murcia hubo una tasca o pub llamado Sub Pop), y que hacían una música que tenía evidentes influencias del Punk, del Rock alternativo, del Hardcore americano y con influencias de los '70. Además de Nirvana, los grupos que definieron el grunge fueron Pearl Jam, Alice in chains, Soundgarden, Screaming Trees, Mudhoney, Melvins, Tad... Me dejo muchos nombres. El sello Sub Pop estaba en el origen de muchas de estas bandas, que además, eran producidas por Jack Endino o Steve Albini (preferentemente).


Una cosa es cierta: la música que surgió con el grunge tiene una calidad indudable y ha dejado auténticas obras maestras. Fue un fenómeno que duró poco, ya que se fue diluyendo con la muerte de Cobain (que se suicidó en 1994 -ahora me acuerdo de que estuve a punto de ir a ver a Nirvana en uno de sus últimos conciertos, gira de In utero, y no lo hice). Las grandes bandas, como Soundgarden o Screaming trees, se separaron o fueron aplazando sus discos (el caso de Alice in chains por los problemas con las drogas de Layne Staley -que moriría por sobredosis en 2002).


Tras el suicidio de Cobain, la popularidad de Nirvana se disparó aún más. Durante unos años, era imposible no cruzarse con varias decenas de jóvenes que llevaran algún elemento con su cara o el nombre de Nirvana. Recuerdo que lloré por Cobain y le hicimos un pequeño homenaje musical el día que nos enteramos. Pero después, aborrecí todo lo relacionado con ellos. No soportaba la explotación de su imagen y, de hecho, no volví a escuchar a Nirvana hasta la reedición de Nevermind del 20 aniversario. La música y el mensaje allí contenidos siguen plenamente vigentes a día de hoy.

Con el triunfo de Nirvana muchas de estas bandas firmaron por majors (sellos disSoundgarden, Pearl Jam y Alice in chains se hicieron masivos igualmente (y por méritos propios evidentemente). El resto, no tanto. Lo que está claro, es que el éxito de Nirvana dejó un panorama musical mucho más abierto que nos dejaría un gran número de discos memorables a lo largo de la década de los '90 (y de principios del '00). Una última era dorada llena de nombres irrepetibles y de momentos de creatividad no superados.
Puede que no lo cambiara todo, pero rompió muchas barreras y prejuicios musicales. Un disco imprescindible que captura el espíritu de una época.