Fabulous!

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jueves, 24 de noviembre de 2016

Jugando al Rol

Es posible que muchos jóvenes de ahora no sepan qué es el rol o los juegos de rol. Me refiero a los juegos de rol en los que te tenías que poner en el papel (el rol) de alguien ficticio. Normalmente estos juegos solían estar basados en mundos (ahora llamados universos) alternativos, realistas o, en la mayoría de ocasiones, ficticios. Y, a ser posible, inspirados en determinada obra literaria o cinematográfica de gran relieve. Pensemos, por ejemplo, en la saga de "El señor de los anillos" de Tolkien o en el universo generado por Star wars para poner algunos ejemplos bastantes claros al respecto.

Mi primer contacto con este mundo me vino en los años finales de la EGB, donde, junto con unos amigos de clase, pudimos jugar a Stormbringer, juego ambientado en uno de los universos creados por el escritor Michael Moorcock. Uno de mis amigos de entonces compró el manual básico de juego. Solamente se necesitaban a algunos compañeros más para poder jugar, además, claro está, de los prescriptivos dados de juego. Esas partidas, largas jornadas de varias horas, en las que nos poníamos en la piel de varios aventureros que queríamos encontrar tesoros y matar algunas criaturas fantásticas malignas (tipo orcos), las recuerdo ahora con mucho cariño. Eran unos ratos buenísimos los que pasábamos, tratando de salir de las emboscadas o trampas que preparaba el master (o director de la partida; en este caso, era quien había comprado el juego).


Lo malo que tenía esto de los juegos de rol era que se necesitaban varias personas para poder participar. Y, por lo general, esas personas, no solían ser los chavales (en masculino; no es por machismo, es que entonces, a principios de los años '90, no conocíamos a ninguna chica que jugara) más populares de la clase. Esto era una dificultad social en una etapa tan complicada como es la adolescencia. Complicada en el aspecto de las relaciones sociales, sobre todo cuando estamos hablando de chicas.

Así, cuando pasamos al Instituto, a hacer BUP, nuestro grupo se disgregó y, tuvimos que buscar gente nueva para poder seguir jugando al rol. Es así, como caí en grupos de lo que hoy se denominarían frikis, gente rara, pero que gustaban de estos juegos. No sé si recuerdo bien el nombre, pero había un juego, ambientado en un mundo futuro, que creo se llamaba Paranoia. El caso es que eché unas cuantas partidas, pero no tenía mucho en común con estos colegas.


Fue así, como me propuse convencer a algunos de mi grupo de amigos para que accediéramos a jugar al rol. Uno de mis colegas se compró un juego denominado Ragnarok, ambientado en el mundo presente que caía en un apocalipsis (siguiendo la mitología nórdica).


Tras ese, pasamos al Vampiro. Pero, de todos los juegos a los que jugamos, el que me dejó una huella más profunda fue "La llamada de Cthulhu", ambientado en el universo imaginado por el gran Howard Phillips Lovecraft. Quizá sería porque me tocó a mi el ser director de juego. Es decir, yo planificaba las partidas, diseñaba los escenarios y escondía las trampas, hacía que aparecieran las criaturas terribles del genio de Providence... Es más, hasta diseñé una banda sonora para ambientar estas partidas con mis amigos. La mayoría de esas canciones eran instrumentales y, por supuesto, no podía faltar, claro está, The call of Ktulu de Metallica (de su segundo disco, el excelente Ride the lightning), aunque también añadí unas pinceladas de Kyuss, Monster Magnet, NIN, Soundgarden... Grupos que me marcaron (y a muchísima gente en los años '90).


"La llamada de Cthulhu" era lo que deseábamos todos los amantes de Lovecraft. Esas criaturas primigenias indescriptibles, de tentáculos imposibles, de formas cambiantes que escapaban a la geometría euclidiana y demás epítetos surgidos de la imaginación del genio de Providence, nos llenaban la cabeza y pasábamos horas tratando de imaginarlas. Sin embargo, nunca llegábamos a hacernos del todo con su apariencia física. En el manual del juego de rol, se resolvía este aspecto, ya que aparecían, junto con las descripciones de las diversas criaturas tomadas de sus relatos originales, unas ilustraciones que podríamos denominar orientativas.



Además de todo esto, el juego se movía por una época muy interesante como eran los años '20 (la época de la ley seca y de los gángsters). En las partidas habría que destacar que, más que la fuerza bruta (que, de hecho, era inútil contra estas criaturas), había que demostrar habilidad e inteligencia para tratar de resolver los misterios sin perder la cordura (un aspecto que se desarrolló de manera excelente en el juego de culto para la Nintendo Gamecube Eternal Darkness). Ese aspecto más atmosférico y menos de acción era el aspecto diferenciador de este juego, algo heredado de los relatos en los que se inspiraba la excelente adaptación que consiguió Sandy Petersen. Este manual ha sido actualizado en numerosas ocasiones y sigue vendiéndose en la actualidad para que las nuevas generaciones puedan hacerse una idea de los mundos creados por Lovecraft.

Una última cosa que me gustaría mencionar fue el llamado "crimen del rol". Un horrible crimen perpetrado por dos madrileños que asesinaron a un pobre hombre inocente. El caso, ocurrido en 1994, levantó una enorme polvareda mediática, generando una oleada incisiva en contra de los juegos de rol, algo que, por otra parte, apenas estaba relacionado con el crimen (la excusa de los asesinos era que actuaban según los criterios de un juego de rol elaborado por uno de ellos). La ignorancia, o peor el desconocimiento, desembocó en la criminalización de estos juegos completamente inocentes. Aún recuerdo las palabras de mis padres advirtiéndome en contra de ellos (¡si ya se quejaban de mis amistades!). Parecía que todo lo que me gustaba, música Heavy Metal (la música del demonio, no lo olvidemos; esto quedó claro en la magnífica cinta de Demons, Lamberto Bava, repleta de grandes canciones en su banda sonora), literatura fantástica, cine de Terror y Ciencia Ficción, los juegos de Rol... Todo ello era condenado por su, en su opinión, nefasta influencia sobre las ingenuas juventudes. Si ellos (padres, profesores, sociedad) lo rechazaban, tenía que ser bueno por fuerza.


En definitiva, un recuerdo nostálgico para esos juegos de rol que tanto me gustaban (y gustan, aunque hoy no pueda jugar a ellos por falta de gente). Aún conservo los dados y el manual de "La llamada de Cthulhu".

Recordad:   Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn, que dice así en castellano: 
"En su morada de R'lyeh, el muerto Cthulhu espera soñando".


viernes, 28 de octubre de 2016

GIALLO





El giallo es un subgénero cinematográfico italiano cuyo nombre, como todo buen aficionado sabe, proviene del color (amarillo, esto significa giallo) que tenían las novelas de misterio y crimen que se publicaban en el país transalpino en los años '60 por la editorial Mondadori. La influencia de los géneros policíaco o del thriller e, incluso, del terror (que iría en aumento conforme se desarrollaba este subgénero) es esencial para entender el Giallo.

Su origen está en el éxito enorme de una película de Mario Bava, La muchacha que sabía demasiado de 1963, sin olvidarnos de la posterior 6 mujeres para el asesino. Es obvia la referencia al maestro Hitchcock, cuya sombra planea sobre el Giallo (de hecho, podría verse alguna influencia del Giallo en su película Frenzy (Frenesí) de 1972. Desde entonces, surgirá toda una plaga de títulos en esta línea.

El Giallo nace en Italia y es un producto, fundamentalmente italiano, aunque su sombra es muy alargada y, sobre todo, a través de las co-producciones, llegaría a la cinematografía de otros países como es el caso de España ya en los años '70. Títulos como Los ojos azules de la muñeca rota de Carlos Aured, con Paul Naschy, La corrupción de Chris Miller de Juan Antonio Bardem (un autor todoterreno) o La última señora Anderson de Eugenio Martín (un autor a reivindicar) serían representativos de esta tendencia. No quisiera dejar pasar un neo-giallo como es Los ojos de Julia (de 2010).

Es un subgénero con unas características muy marcadas:


  • las tramas siempre son muy enrevesadas, en muchos casos, carecen de verosimilitud (sobre todo, cuando hablamos de la resolución final, y con la identidad de los asesinos), teniendo mucha relevancia los componentes psicoanalíticos. Traumas en la infancia suelen aparecer con mucha frecuencia.
  • este rasgo se suele reflejar en lo formal, en un montaje extraño, de características surreales, lo que dota a los filmes de una gran belleza (algo, por otra parte, intrínseco del cine italiano de la época -desde finales de los '50 hasta mediados de los '70). Por otra parte, el flashback se convierte en un elemento narrativo bastante utilizado, dando pistas (a veces falsas) sobre la autoría de los crímenes mostrados en el film.
  • la violencia explícita (casi siempre contra las mujeres) adquiere un gran protagonismo, siendo realzada por, en bastantes ocasiones, una excelente fotografía en color. De hecho, son las escenas de los crímenes, en las que los realizadores se suelen recrear, mostrando una gran inventiva (los crímenes tienen más relevancia que la coherencia argumental en sí). Con el tiempo, la violencia se haría más y más explícita, convirtiéndose el Giallo en un antecedente directo del Slasher (en este punto, la influencia de Bahía de sangre de Mario Bava sobre títulos como Viernes 13 y sus derivados es más que evidente).
  • el título de la película suele ser bastante largo, con alusiones frecuentes a números, colores y a animales en diversas variaciones. Ejemplos ilustrativos serían los siguientes (aunque hay muchos más):
  1. Seis mujeres para el asesino de Mario Bava.
  2. El pájaro de las plumas de cristal, Cuatro moscas sobre terciopelo gris, El gato de las nueve colas todas de Dario Argento. 
  3. La tarántula del vientre negro de Paolo Cavara.
  4. Todos los colores de la oscuridad y La cola del escorpión de Sergio Martino.
  5. Una mariposa con las alas ensangrentadas de Duccio Tessari.
  6. Una lagartija con piel de mujer de Lucio Fulci.
Gialli (plural para Giallo) hay muchos. Unos merecen ser recordados y otros no. Pero, en cualquier caso, hay una gran cantidad de películas muy interesantes que podrían ser recuperadas perfectamente hoy en día (si salvamos algunos de los abusos estilísticos de la época, caso del zoom). Nombres como Mario Bava (el genio indiscutible del género fantástico en Europa junto con Terence Fisher), Dario Argento, Sergio Martino, Umberto Lenzi, Lucio Fulci, Duccio Tessari, Enzo G. Castellari, Antonio Margheriti y tantos otros eran grandes artesanos que sabían lo que hacían: proporcionar un excelente entretenimiento a los espectadores. No siempre acertaban, muchas veces se veían arrastrados a productos de bajo presupuesto pero, en otras, lograban recrear algunas atmósferas ciertamente llamativas.









Algunos títulos representativos de este subgénero serían:

  • 6 mujeres para el asesino 
  • Detrás del silencio 
  • El pájaro de las plumas de cristal 
  • 5 muñecas para la luna de agosto 
  • Bahía de sangre 
  • Torso 
  • La tarántula del vientre negro 
  • ¿Qué habéis hecho con Solange? 
  • El ojo del laberinto 
  • Sumario sangriento de la pequeña Stefania 
  • ¿Quién la ha visto morir? 
  • La dama rosa mata 7 veces 
  • Delirio caldo 
  • 7 muertes en el ojo del gato 

  • El asesino ha reservado 9 butacas 
  • Rojo oscuro 
  • Il  profumo della signora in nero 
  • La casa dalle finestre che ridono 
  • Murder obsession - Follia omicida 


sábado, 22 de octubre de 2016

The Crow y las snuff movies




















Recuerdo cuando en 1994 se estrenó The crow (El cuervo). La película venía precedida por una expectación importante ya que durante su rodaje murió, accidentalmente, su estrella y principal protagonista: Brandon Lee (hijo del gran Bruce Lee). Esto desató todo tipo de rumores (que si la maldición de Bruce Lee había continuado en su hijo, con su muerte dictada por las triadas chinas). La productora de la película decidió terminar el film con un doble y con la ayuda de efectos digitales para sustituir a su protagonista, queriendo con ello homenajearle.

Brandon maquillándose para el personaje. Las semejanzas con el Joker son evidentes.




Pero se especulaba sobre si la escena donde moría Brandon se había incluido en el montaje final de la película (obviamente no fue así). De ser esto cierto, The crow se convertiría en una snuff movie. Esto es, una película que contiene muertes reales. Esto es algo que estaba basado también en rumores, una especie de leyenda urbana sin ninguna base real.

Este tipo de películas eran algo propio de la época del vídeo. Me explico, el formato VHS, con su menor definición y su gran cantidad de grano en la imagen, contribuía a generar esa sensación de "realidad" que (teóricamente) era inherente a este tipo de películas. En determinados catálogos, se podían encontrar fácilmente. Con la salida al mercado del DVD y, más tarde, del Blu Ray, las snuff movies han desaparecido completamente del panorama. Bueno, siempre quedarán los noticiarios, cada vez más enfocados a impactar al espectador, donde, sin ninguna ética, puedes encontrar todo tipo de asuntos desagradables. Sin filtro. Como cantaba Axl Rose en Welcome to the jungle "if you got the money, honey, we got your disease".

Todo era un ejercicio de efectos especiales extremadamente realistas.
Estas snuff movies se dieron a conocer a principios de los años '90 cuando el actor Charlie Sheen, se topó con una de las cintas de la serie japonesa "Guinea Pig" (rodadas en esos años). Esto era  todo un catálogo extremo de barbaridades sin ningún tipo de argumento. Mi amigo de adolescencia, Segio "el Gore", compró la colección y, puedo afirmar, después de haber un par, que no valía la pena, salvo que fueras un fanático por los efectos especiales (como era su caso). El caso es que Sheen llamó alarmado al FBI temiendo que fuera una película real. Se inició una investigación y la productora de las películas tuvo que mostrar cómo las habían realizado. La cosa no llegó a nada más, salvo por una polémica, en la que un asesino en serie las tenía entre su colección particular.

"Me llamo Ángela y me van a matar". Interesante punto de partida de la ópera prima de Amenábar.
Una de las películas convencionales que contribuyó a este conocimiento masivo de este tema fue el primer film de Alejandro Amenábar, Tesis (1997). Una gran película aunque, con el tiempo, ha perdido algo de fuerza y de impacto, pero que supuso un soplo de aire fresco en el cine español. En ella encontramos a Bosco, el personaje encarnado por Fele Martínez, que tenía muchas similitudes con la juventud rebelde de mi época: era un joven fascinado por el género de terror y la música extrema. La actitud, la vestimenta, la manera de hablar... todo ello estaba, en mi opinión, bastante acertada (hablo basado en mi propia experiencia personal).

Fele Martínez podría haber pasado por uno más de nuestra pandilla.

Otra película, en este caso, todo un blockbuster dirigido por Joel Schumacher, Asesinato en 8 mm (8 mm) contribuyó a difundir, aún más si cabe, en el tema de las snuff movies. El film, un convencional policíaco con una atmósfera malsana, estaba protagonizado por el hoy defenestrado Nicolas Cage (¿alguien recuerda una peli tan enloquecida como Besos de vampiro? -genial muestra ochentera de serie B con Cage a reivindicar ya, como tantos otros títulos) y por James Gandolfini, nos sumerge en un mundo oscuro pasado por el filtro de Hollywood. De nuevo, la asociación Heavy Metal (el tal Machete iba con camisetas de Danzig y era fan de esta música) y la perversión moral se hacía realidad. Algo que a mi me asqueaba personalmente. Sí, era (y soy) un fan del Heavy Metal y del Terror, pero no ningún monstruo, que quede claro.

Podría haber sido algo mejor de lo que es, un entretenimiento aceptable sin más.


Bueno, vamos a ir cerrando este somero repaso a este submundo pseudo-cinematográfico (por lo que se refiere al snuff) con un pequeño recuerdo al género Mondo, que tuvo su parte de culpa en la creencia de las películas reales. Si no, que le pregunten a Ruggero Deodato por Holocausto caníbal, que iba de falso documental y que casi le costó la cárcel.

El realismo exagerado (para la época) más las triquiñuelas que se usaron con la prensa levantaron una gran polvareda y una polémica que le llevó a Deodato a dar explicaciones y a sacar "del armario" a los actores de la película. Recordemos que eran periodistas que, al encontrar una tribu de caníbales en una isla perdida, morían, quedando las imágenes grabadas para deleite y/o escándalo del (ingenuo) público.

Antes de acabar, me gustaría volver al principio. A The crow. Una película con una gran atmósfera, un auténtico título de culto dirigido por un interensantísimo y joven Alex Proyas (el director de la genial Dark City) y con una banda sonora excelente, tanto el score de Graeme Raevell como la música Rock del disco, llena de estupendas canciones del Rock alternativo de la época (NIN, The Cure, Helmet, Rage against the machine...). Por el argumento (que se inspira en el cómic underground creado por James O'Barr) es una típica película de venganza desde el más allá, aunque está rodada de un modo diferente, con un gran estilo que influenciaría a las películas y series de super-héroes de nuestros días (con esa oscuridad y lluvia permanentes, el malo carismático y su banda de secuaces -cada uno con su estilo, el look del renacido Eric Draven...).



Para profundizar sobre ella, recomiendo el excelente programa que han perpetrado los chicos de Carne de videoclub con Paco Fox y Carlos Pacheco como invitados de excepción. Mientras escribía esto, ellos se acordaron de rememorar esta excelente película.
Alguien se quedó mi copia del disco. Una de las mejores bandas sonoras rockeras (junto con la de la mediocre película Judgement night) en mi humilde opinión

A verla y a escuchar el podcast de Carne de videoclub.