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viernes, 10 de febrero de 2017

Se va Richard Hatch

Seguimos con las desapariciones.  También en el día 7 de febrero, se nos va el mítico capitán Apollo de la no menos mítica serie Galáctica. Esa serie de TV que surgió fruto de la explotación de la moda de Star Wars y que duró poco en pantalla (precisamente por eso mismo), pero que quedó grabada en las mentes de miles de jóvenes de todo el mundo.

Tanto fue así, que con el tiempo, Richard Hatch, se empeñó en hacer un remake de la serie de TV. Pensaba que no se había podido contar todo lo que podría dar de sí un material como el de Galáctica. Sin embargo,  tuvo que esperar años y años hasta que se topó con Ronald D. Moore y con David Eick que, tras la evasiva de Bryan Singer (para irse con sus X-Men), se harían con el timón de lo fue Battlestar Galactica.

Y allí, en esa Galáctica reimaginada (que no rehecha) es donde conocí a Richard Hatch. Ya no interpretaba a Apollo, pero se hizo con un papel muy interesante, el de Tom Zarek, prisionero político con ideas radicales que tiene un desarrollo decisivo en el avance de la trama. Un personaje con muchos matices, excelentemente interpretado (pasabas de la simpatía al odio con él en unos instantes). Como la mayoría de los personajes de lo que fue, es y será una de las mejores (le mejor en mi opinión) aventuras fantásticas de todos los tiempos. En este blog se comentó aquí: https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=7325074411567800265#editor/target=post;postID=5676249926852777637;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=allposts;postNum=48;src=postname

Seguro que ahora estará con su fighter surcando los espacios siderales en busca de cylons.

Descanse Richard Hatch (Apollo / Tom Zarek).

martes, 27 de diciembre de 2016

Mary Shelley: 200 años de Frankenstein

Retrato de Mary Shelley, la madre de la ciencia-ficción

Ilustración correspondiente a la tercera edición de Frankenstein, la primera que las incluyó
Fue en el verano de 1816 cuando, en Suiza, durante una noche tormentosa en la Villa Diodati (entonces residencia del poeta romántico Lord Byron) se concibió la historia de Frankenstein. Sin lugar a dudas, se trata del origen del género de la ciencia-ficción.
Esta portada muestra una de las escenas más famosas (y polémicas) del Frankenstein de James Whale que se convirtió en la imagen canónica de la criatura

Aquella noche (recreada en la película de Gonzalo Suárez, Remando al viento), por deseo de su anfitrión Lord Byron, Mary Shelley, su marido Percy Shelley y, su amigo, el médico John Pollidori, concibieron cuentos de terror en una suerte de concurso cuyo premio se llevaría aquel que provocara mayores temores o pesadillas.
Elegante portada de otra edición del clásico inmortal de Mary Shelley. El gran Forry era un ávido coleccionista de las numerosísimas ediciones (a lo largo y ancho del globo) de Frankenstein, reuniendo más de 250

Es, durante ese verano, terriblemente lluvioso de 1816, cuando se concibió el embrión de Frankenstein, cuyo nacimiento tendría lugar dos años más tarde, en 1818 bajo el título de Frankenstein o el moderno Prometeo.
La criatura con la novia creada para ella en la soberbia La novia de Frankenstein (James Whale, 1935), una secuela que es superior (probablemente sea la mejor película sobre este mito fantaterrorífico jamás rodada) al original, también de J. Whale

En su novela, Mary Wollstonecraft Shelley (1797 - 1851), se cuenta la historia de un joven y ambicioso doctor (Victor Frankenstein) cuya aspiración es la creación de la vida misma a partir de la muerte. Este personaje, es, sin ningún género de dudas, el arquetipo del mad doctor, ese científico loco, que desafía las convenciones morales y éticas de su época para lograr la superación de la ciencia. Todo un clásico del género de la ciencia-ficción, indispensable en muchas obras.
Con Peter Cushing como el doctor Frankenstein todas las miradas se posaban en su soberbia y elegante actuación. Por vez primera, la criatura pasaba a un segundo plano en esas clásicas películas de la Hammer

Sin embargo, el nombre de Frankenstein viene asociado, más que a su creador, al de su criatura, ese monstruo al que han dado vida, en la gran pantalla, numerosos actores. Pero que, iconográficamente, alcanzó su culmen el año de 1931, en la mítica película de la Universal. Esa actuación, soberbia, de Boris Karloff, con ese maquillaje impresionante creado por Jack Pierce para la película de James Whale, será la representación de una criatura que se va a transformar en un mito, dentro y fuera del cine. Todo un icono de la cultura popular del siglo XX, completamente identificable para cualquier persona, aún sin haber visto ninguna de las películas clásicas de la productora Universal.

Carteles originales del Frankenstein de la Universal

Reconozco, como fan que soy del género fantástico en toda su extensión, que, después de haber visto unas cuantas variantes cinematográficas de Frankenstein, cuando leí la novela, años más tarde, siendo ya adulto, me costó centrarme en ella. Me resultaba complicada de leer y, desde luego, no era lo que yo me esperaba. Pero, en cualquier caso, superadas esas dificultadas iniciales, es imposible no dejarse llevar por el viaje que plantea la autora, toda una odisea llena de dilemas morales que se contraponen al avance científico. Es curioso, que, Mary Shelley se dejara llevar por algunas de las corrientes más innovadoras de su época y las plasmara en su relato: por ejemplo, la reanimación a través de la electricidad (con las teorías y estudios de Luigi Galvani y de Erasmus Darwin).

Arriba una lobby card. Abajo una de las escenas más recordadas de la película de 1931

Lo que más me chocó, y aquí estoy completamente de acuerdo, con la "queja" del gran Forrest J. Ackerman en su libro Ciencia Ficción (al gran Forry le debemos la creación de sci-fi, la unión abreviada de science fiction) acerca de la descripción que Mary Shelley hace de la criatura. Resulta muy escasa, alejada de la imagen que nosotros tenemos en mente, grabada a fuego. A este respecto, mencionar la renovación iconográfica pretendida por Kenneth Branagh a principios de los '90 en su versión cinematográfica de Frankenstein, perpetrada por Robert de Niro. Más cercana a lo que planteó la autora, pero, tan alejada de nuestra imagen tipo, que rayaba en el esperpento.

Boris Karloff (el actor que encarnó al monstruo) con Jack Pierce (el maquillador que ideó el aspecto que todos conocemos). Ambos forjaron la iconografía de un mito dentro y fuera de las pantallas

Boris Karloff, cuenta la leyenda, que fue recomendado por el mismísimo Bela Lugosi (tras rechazar el papel de criatura). Su carrera no volvió a ser la misma. Se convirtió en uno de los rostros más reconocibles para todos los aficionados al cine fantástico

El impacto y el poder de la imagen arquetípica de Frankenstein (el de Karloff y Pierce) ha ejercido una enorme influencia en todo tipo de adaptaciones: series de TV, cómic, dibujos animados, programas infantiles, productos diversos... Y así seguirá por mucho que pasen los años.
De Niro como la criatura. Sobran las palabras

También Frankenstein fue usado en los cómics de Marvel, en series propias o en las de los superhéroes regulares de la compañía

Expansión del universo forjado por Mary Shelley en la obra de Aldiss que nos traslada al año 2020

Pastiche psicotrópico rodado por Jesús Franco. Todo un mash-up de monstruos que tiene su encanto

Desde aquí, animo a cualquiera a adentrarse en ese universo fascinante que es Frankenstein, novela (y otras adaptaciones posteriores que ampliaban -o revisitaban- el mito de Frankenstein, caso de The ultimate Frankenstein, recopilación de relatos de grandísimos autores o ese Frankenstein desencadenado de Brian Aldiss, que traslada la acción -y la actualiza- al mundo futuro) y películas, fundamentalmente las clásicas de la Universal (sobre todo las dos de Whale), las de la productora inglesa Hammer (a todo technicolor) con un inolvidable Peter Cushing en el papel de un maquiavélico doctor; o ese experimento que raya la psicotronía pop que lleva por título Drácula contra Frankenstein dirigido por Jesús Franco.
Lobby card de La maldición de Frankenstein, la renovación del mito planteada por la productora británica Hammer dirigida por ese genio llamado Terence Fisher, todo un maestro del cine fantástico. Peter Cushing como el doctor y, nada más y nada menos, que Christopher Lee como la criatura. Hay que verla.

200 años después de su primera concepción la historia de Frankenstein y los límites de la ciencia siguen estando de plena actualidad.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Battlestar Galactica

Principales actores de Battlestar Galactica 2003. De izquierda a derecha: Edward James Olmos, Mary McDonnell, Jamie Bamber, Katee Sackhoff, Tricia Helfer, James Callis y Grace Park.
Después de varias semanas de parón por diversos motivos me decido a retomar la actividad del blog.
Y, aunque tengo varias cosas pensadas para publicar (algunas incluso en desarrollo), hoy me decido a hablar de una de mis pasiones. Una pasión que se ha visto reavivada por los recientes artículos (excelentes y muy profundos) publicados en la revista cultural Jotdown y por el extenso especial dedicado por los chicos del podcast La órbita de Endor. Ambos muy recomendables para quien ya ha visto la serie (dejo los enlaces al final).

Se trata de Battlestar Galactica. Es decir la serie de televisión que se emitió desde 2003 y que revolucionó el género de la ciencia-ficción. Lo hizo de un modo tal, que aún hoy se busca una serie heredera, pues muchas series lo han intentado y todas se han quedado en el camino.

El caso es que Battlestar Galactica es un remake de una serie homónima surgida en 1978 a rebufo del éxito de Star Wars, pero supera con mucho a su original. Y esto, no es algo que podamos decir casi nunca. Lo que en la serie original era una ficción destinada a un público juvenil con unas similitudes más que evidentes con La guerra de las galaxias (es decir, un claro exploit en toda regla), en la reimaginación (es el término que utilizaban sus artífices) de 2003 va mucho más allá.

Battlestar Galactica original de 1978
Uno de los Viper o cazas de combate que emplea Galactica para su defensa. Aquí se respetó el diseño original de la serie de 1978, que, a su vez, se inspiraba en los X-Wings de Star Wars
Lo cierto es que la serie de 2003 toma como premisa argumental las líneas generales del producto original para desarrollar algo más maduro y con gran personalidad. Sin duda, una de las mejores series de televisión de todos los tiempos, al lado de The Wire y The Sopranos. Estoy seguro de que, cuando no aparece en las listas de las mejores, es por lo que llamo el "prejuicio del género", esto es, que los productos culturales (ya sean música, literatura, cine o televisión) de género tienen menos valor cultural que los "artefactos de autor".




Partiendo de una premisa propia del género de ciencia-ficción, durante todo el desarrollo de la serie vamos a asistir a una profunda reflexión sobre la humanidad y sus problemas. Una reflexión bastante más profunda de la que podemos encontrar en otros productos de autor o no genéricos en mi modesta opinión. Como anécdota, diré que llegué a la serie por recomendación de un amigo que la veía sin la compañía de su pareja. Yo me disponía a hacer lo propio, aunque, finalmente, mi mujer y yo acabamos viendo la serie juntos, y, los dos, nos hicimos fans de ella para siempre.

Y es que esta Galactica reimaginada tiene muy presente los acontecimientos, aún recientes, de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Guerra, religión, odio, fanatismo, derecho a la vida, aborto, eutanasia, libertad, derechos, el enfrentamiento entre el poder civil y el militar... Tenemos de todo en el mensaje, profundamente humanista, que impregna el tono de la serie. No quiero estropear a alguien que lea estas líneas la trama. Yo mismo, echo de menos la sorpresa inicial que me deparó su primer visionado.Solamente diré que todo parte de un conflicto entre la humanidad y los cylon, una raza de robots creada por el hombre y que se rebela contra él. Este conflicto pone sobre las cuerdas la supervivencia misma de la raza humana y sirve para destacar aspectos tremendamente humanos como los esbozados arriba.

Cylon de 2003, con un diseño mucho más estilizado que los de la serie original

Ahora que he vuelto a revisitar la serie, no me sorprendo de la tremenda calidad que subyace a un producto televisivo tan cuidado como éste. Ya me encandiló en su momento, pero ahora aprecio, aún mejor si cabe, algunos aspectos como los siguientes:


  • El guión, muy sólido, que respalda una trama cerrada en la que se ofrecen distintos puntos de vista y se cuidan mucho los detalles.
  • Los personajes, con unos principales que están muy bien delimitados y presentan diversas aristas y matices, y unos secundarios, que adquieren bastante protagonismo en muchos momentos, lo que enriquece la trama.
  • El trabajo de ambientación, bajo mi punto de vista, muy logrado y que no chirría. Digo esto a sabiendas de la serie se estrenó  en 2003 y los efectos especiales han avanzado muchísimo. Pero, el hecho de no hacer recaer la serie en efectos digitales (en su mayoría hay mucho trabajo de maquetas que se complementa con CGI) hace que la serie haya envejecido muy bien.
  • El desarrollo de tramas a lo largo de varios episodios que podríamos llamar especiales, junto con otros de trama auto-conclusiva contribuyen a dinamizar la línea argumental principal, completando detalles.
  • La utilización de los cliffhangers, que hacen que al acabar cada episodio siempre te quedes con ganas de más. Pocas veces, he tenido la sensación de adicción que provoca el visionado de esta serie, especialmente en la primera temporada, donde no hay momentos para la tregua.
Otra cosa que me gustaría comentar y que pasé por alto la primera vez fue la de los episodios publicados en Internet (webisodes) que anticipaban aspectos de las tramas que se iban a desarrollar en temporadas posteriores. En este sentido, no recuerdo ninguna otra serie televisiva que haya hecho esto anteriormente y, si bien, se puede perfectamente, seguir su desarrollo sin verlos, es algo que dice mucho de cómo se cuidaba a los espectadores. Pues, de este modo, se calmaba la ansiedad producida al acabar una temporada, por ejemplo, la segunda donde te quedabas sin aliento.

Para ir acabando, pues no me quiero extender más de la cuenta indicaré la estructura temporal de la serie:

  1. Miniserie o temporada 0 que consta de 2 episodios. Son fundamentales para el desarrollo de la(s) trama(s) posterior(es).
  2. Temporada 1. Son 13 episodios que no dan tregua al espectador.
  3. Temporada 2. Consta de 20 episodios.
  4. Temporada 3.